domingo, 27 de mayo de 2012

Los últimos románticos, su último baile.




Me vienen a la cabeza grandes despedidas, fascinantes últimos bailes. 

Juan Antonio San Epifanio, "Epi", se despidió una calurosa tarde de 1995, Jugó solo 26 segundos. Don Alejandro le sacó con el partido ya decidido y Mike Ansley, aquel enorme americano que tiene el privilegio de nombrar a una liga ACB, la "Liga del triple de Ansley", cometió una falta a propósito para llevar a "SuperEpi" por última vez a la línea de 4.60. Antes de que tirara, Ansley le dió un abrazo cómplice. El partido terminó con una ovación de las 8.000 personas que abarrotaban el Palau Blaugrana hacia alguien que les había hecho tremendamente felices durante 19 años. Mi madre aún no se ha repuesto de la retirada de Epi.



Quizá una de las despedidas que más me marcó fue la de André Agassi. Para el que escribe Agassi era algo parecido a un Ave Fénix, alguien que resurge de sus cenizas gracias a tesón, sacrificio e infinito talento. El de Las Vegas lo era todo; el mejor desplazamiento lateral de pies que he visto en mi vida, el bote pronto de auténtico genio, la inteligencia, la polivalencia en todas las superficies. Entiendo a la gente que vibra con los duelos entre Nadal, Federer y Djokovic. Sin embargo, en mi opinión, nunca vi nada igual como los partidos entre Agassi y Sampras. 
El bueno de André no podía con la espalda. Aguantó todo el partido hasta el final únicamente por respeto hacia el público que le había hecho grande. Benjamin Becker, un cañonero de medio pelo, tuvo que ser el verdugo para su desgracia. No creo que nadie se haya alegrado tan poco de haber pasado de ronda en US OPEN. Aquel día, y no me importa decirlo, lloré viendo como la Arthur Ashe despedía a uno de mis ídolos de infancia.



No todas las despedidas son amargas. Larry y Earving se despidieron jugando juntos los Juegos Olímpicos de Barcelona. Se lo pasaron como enanos. Uno era portador del VIH. El otro tenía la espalda para puré. Fue su último baile. Los dos hicieron de este deporte lo que es ahora. 





No todas las despedidas son deportivas. Los "Sin Bandera" se separaron hace unos años con un concierto despedida en Mexico D.F. Aún me estoy recuperando de ello.



Por supuesto que hay muchos más últimos bailes, hemos hablado de tres que fueron significativos, o no. Sin embargo, hoy hablamos de los San Antonio Spurs. 

Los Spurs representan al anciano experimentado que aún tiene una última lección que dar. Aquel Humprhrey Bogart en "La Reina de África" intentando hundir la cañonera alemana. Comandados por el General Poppovich, los chicos de Timmy Duncan pasean por las calles de la ciudad tejana como el que sabe que está ante su última oportunidad. Ahi esta el combatiente Parker, de las trincheras francesas, la cabeza pensante del batallón. Por allí se encuentra el Coronel Ginobili, trasladado de La Argentina después de un breve paso por el ejército del General Messina. El ejecutor de todo, el zapador. Se mantiene con ellos el soldado de primera Stephen Jackson, alguien mucho más importante de lo que dicen sus galones o su trabajo de intendencia. Por encima de todos ellos sobresale la figura del Teniente Duncan, aquel que será recordado como uno de los más ilustres personajes de la Historia de esta guerra llamada Baloncesto.  Auberbach, Riley, Jones, Daly, Jackson y ahora Poppovich. Son los nombres de los Generales que han pasado a la Historia por comandar sus batallones hasta la victoria. Todos tuvieron un último baile. El que esta noche ha empezado es el de los San Antonio Spurs. Disfrutemos de él.

Canta Donna Summer. 


martes, 7 de febrero de 2012

Padres frustrados

Mis padres siempre han hecho deporte.

Hasta que la rodilla se lo permitió, mi madre, que cuenta hoy con 54 años, siempre disfrutó de un buen rato en la cancha que tenía en su casa acompañando a su hijo mayor, el que escribe. Exhibía orgullosa las fotos y crónicas del paleozoico baloncestístico en el que jugaban, y contaba las clásicas "batallas" en las que siempre salían vencedoras. Eso sí, y puedo dar fe de ello, mi madre fue Campeona de España universitaria en el año 1979, y mejor deportista universitaria de la ciudad ese mismo año. Ya podría decir yo lo mismo.

La relación deportiva con mi padre es diferente. Subcampeón de España universitario en 1975, perdieron la final contra la San Pablo CEU de Madrid en la que jugaba, entre otros, un tal Juan Antonio Corbalán. Mi padre siempre cuenta que la paliza que les dieron fue soberana, y que lo único que recuerda de aquel partido es que cuando él saltaba a por un rebote de ataque y quería caer, Corbalán ya estaba en la canasta contraria.
Además, mi padre fue Director de Deportes de la Universidad de Salamanca durante 5 años, en los años de esplendor económico de la Institución, con el fútbol sala en División de Honor (luego Sol Fuerza) o el baloncesto femenino en Primera (posteriormente Halcón Viajes y Perfumerías Avenida). Eso quizá le dio un poso de conocimiento deportivo que no tienen otros, por ejemplo, mi madre.

Yo empecé a jugar al baloncesto con 11 años, en el pueblo donde vivía, un pequeño pueblo-dormitorio llamado...Santa Marta de Tormes. Con 13 años, se formó el C.B. Tormes, en donde pasé toda mi etapa de jugador y gran parte de de mis andanzas como entrenador. Pero esa es otra historia.

Mis padres iban a verme regularmente a los partidos que jugábamos en casa. Veían el partido sentados, separados de los otros padres, callados. Rara vez intercambiaban alguna opinión sobre el encuentro entre ellos. Cuando el partido terminaba, me recogían y nos íbamos a casa. Alomejor había uno o dos comentarios del partido que habíamos jugado, pero casi nunca hablaban de mi partido particular, cosa que me extrañaba profundamente. Yo no era lo que podemos llamar un excelente jugador, pero hacia tres o cuatro cosas decentemente. Ni una palabra de ellas.

Fuera de casa, sin embargo, no iban nunca. Ni siquiera si el desplazamiento era corto. Los demás padres habían hecho un gran grupo de amigos; salían detrás del autobús, paraban a comer todos juntos, iban al partido y animaban todo lo que podían y más. Lógicamente, yo me sentía un poco decepcionado con la actitud que tomaban mis padres respecto a este tema.

En el tema entrenadores, eran tajantes. El entrenador es el que manda, te guste o no. Y a mi hubo años que no me gustó. Una de las veces que mi entrenador me echó de un entrenamiento, llegué a casa convencido de que mi padre me apoyaría, ya que el entrenador no era de su agrado. Su respuesta fue clara: "Algo habrás hecho. Mañana pide disculpas". No hubo tiempo de explicarle qué había pasado, él sabía que la culpa era mía.

Hasta que un día lo entendí. Los demás padres no tenían ni puñetera idea de baloncesto, me atrevería a decir que ni de deporte. Animaban sí, pero también gritaban, insultaban a los árbitros o se amenazaban con los padres del equipo contrario. Algunos incluso corregían desde la grada las actuaciones de su hijo, sin que el entrenador que estuviera en ese momento pudiera hacer gran cosa. Era una auténtica vergüenza, para qué nos vamos a engañar.

Actualmente, sigo viendo las mismas actitudes que hace 10 años, pero con la perspectiva que me da el ser entrenador y saber, al menos un poco, de nuestro deporte. Padres que intentar dirigir a sus hijos en patios de colegios. Niños que van al lugar donde se encuentran sus padres en un tiempo muerto, en vez de ir a donde se encuentra su entrenador, al que le puede su inexperiencia. Menosprecios a árbitros y rivales. Jugadores que siguen mirando a sus padres después de cada acción para encontrar una mirada de aprobación. Jugadores frustrados, padres frustrados.

Después de muchos años, llegué a una conclusión clara. Salvando excepciones, los padres no tienen ni repajolera idea de baloncesto. Las excepciones son aquellos padres que jamás se entrometerán, porque saben de lo que hablan.

Yo, por mi parte, me quedo con muchos recuerdos de mi deporte. Quizá el mejor de todos sea poder hacer unos tiros, una tarde cualquiera de un día cualquiera, con mi padre o mi madre. Las personas que me hicieron disfrutar en una pista de baloncesto, y que siempre, siempre estuvieron detrás con palabras de aliento, metiera o fallara los tiros.

Y os aseguro que fallé muchos más de los que metí.

domingo, 13 de noviembre de 2011

20-N: La sombra, la mentira y la ignorancia

En primer lugar, decir que hago mío el título de una maravillosa canción que una vez escuché cantar a dúo a dos de mis cantantes españoles favoritos, cada uno en su estilo; Rosendo y Luz Casal, "A la sombra de una mentira". La recomiendo encarecidamente.

El día 20 de Noviembre de este año, esto es, dentro de unos pocos días, se celebran Elecciones Generales en España. Tiene su miga que se celebren el día del aniversario de la muerte del Dictador, aunque esa es harina de otro costal, como se suele decir.

En primer lugar, hablemos de Alfredo Pérez Rubalcaba. Político de renombre dentro de las filas del PSOE, pieza fundamental de varios Gobiernos de Felipe González y pieza clave en las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero. De Rubalcaba se podrán decir multitud de cosas, pero cabe destacar tres de ellas. La primera, que siempre fue fiel a su Presidente, mientras éste metía la pata una vez sí y otra también. La segunda, que mientras formó parte del Gobierno trabajó por este país, tomando buenas o malas decisiones, pero tomándolas al fin y al cabo. La tercera, quizá la más importante, es que probablemente dentro de unos años, Dios quiera que sea así, le recordaremos como el Ministro de Interior que logró acabar de una vez por todas con el Terrorismo de ETA en este país.

Rubalcaba no tiene Programa Electoral. No lo tiene porque en realidad no lo necesita. Sabe que va a perder. Su trabajo principal en estas elecciones es movilizar a la mayor parte de los votantes de izquierda y centro-izquierda decepcionados con Zapatero para que el PP no consiga la mayoría absoluta. Porque si la consigue será el fín de muchos de los avances en materia social que durante 8 años ha conseguido el PSOE. Y eso, muy señores míos, nos dolerá a muchos ciudadanos, entre los que yo me incluyo. Rubalcaba sabe que tiene dos objetivos claros; uno, como ya he dicho, torpedearle la mayoría absoluta al PP. El segundo comienza a partir del día 21; Es trabajar desde la oposición para siguientes Elecciones. El PSOE sabe perfectamente que tal y como está España, y teniendo a Mariano Rajoy, una persona, según la opinión del PSOE, sin consistencia política suficiente como para aguantar embestidas de todos los tamaños, ese trabajo no será difícil. Por eso quiere intentar por todos los medios "salvar los muebles" y evitar la goleada.

Mariano Rajoy, por su lado, tiene también su experiencia política. Ministro en los dos Gobiernos del inefable Aznar, su capacidad intelectual está fuera de cualquier duda. Sí lo están su carisma como político y su don de mando al frente del país. Pero eso se verá dentro de unos pocos meses.
Rajoy sabe que tiene las elecciones ganadas. Su trabajo es el contrario al de Rubalcaba. Intentar por todos los medios conseguir la mayoría absoluta para, a partir de ahí, tener libertad total para hacer y sobre todo deshacer los "entuertos" en los que, según el PP, nos han metido los gobernantes socialistas. A partir de ahí, su lucha consistirá en aguantar las embestidas de la oposición durante los cuatro próximos años.

Pero ese no es el único trabajo que tiene Mariano Rajoy durante estos años. Su trabajo más duro de todos es el de sacar al país de esta lamentable crisis en la que nos vemos inmersos en la actualidad.

LA SOMBRA

Mariano Rajoy sabe de sobra que este país necesita una "Refundación Económica". Sabe que no va a tener la suerte que tuvo el Gobierno de Aznar, que se aprovechó de la tristemente famosa burbuja inmobiliaria para inyectar dinero ficticio a este país. Más terrenos, más construcción, más hipotecas, más endeudamiento doméstico, total poder e impunidad para los verdaderos culpables de este meollo; los bancos. Por eso la primera sombra, la más alargada pero la menos importante, es la del ex-Presidente Aznar. Pero eso es tiempo pasado. Como decía, Rajoy sabe de sobra todo esto. Tiene en su mente, al igual que las tenemos otros, las medidas que habría que tomar para poner este país en una situación medianamente aceptable.

Mariano Rajoy sabe que es necesaria una reforma fiscal bestial en este país. Sabe que es necesario desde hace mucho tiempo gravar las rentas altas y los grandes patrimonios. Sabe perfectamente que el único dinero que hay todavía en este país lo tienen los ricos. Pero también sabe que son esos ricos los que le van a llevar al poder y los que le van a mantener ahí. Conoce sobradamente que si les mete mano, va a ser él quien salga trasquilado. Porque Rajoy, como buen Registrador de la Propiedad, pero sobre todo como buen político de derechas, sabe que inmiscuirse en contra de los Poderes Fácticos de este país tiene un precio político, y es un riesgo que no quiere correr. Por eso, la segunda sombra que se cierne sobre el país del PP es la sombra de los ricos.

Como Mariano necesita conseguir dinero de algún lado, y ve que si se lo quita a los ricos de este país nadie le votará dentro de cuatro años, ha pensado en otra idea, necesaria también; vamos a reformar la lamentable Administración Pública de este país. En otras palabras, vamos a meterle mano a los Funcionarios.

En este país hay cerca de cuatro millones de funcionarios. Que no se enfade nadie, pero son muchos, son demasiados. Rajoy, si tiene lo que hay que tener, recortará los empleados públicos en al menos un millón de ellos en esta legislatura. Las plazas que queden vacantes por jubilaciones, amortizadas. Señores y señoras que no pegan "un palo al agua" durante su horario de oficina pública, a trabajar lo suyo y lo del de al lado. Ya está bien de tener una hora de café. Interinos, a la calle. Que los funcionarios con plaza fija redoblen esfuerzos. Ya está bien de chupar del bote de "Papá Estado". Concursos de oposición, cancelados durante cuatro años. Que no salga ninguna plaza que no sea estrictamente necesaria a concurso. Opositores, a trabajar, de lo que ellos quieran o puedan. O mejor aún, a formarse. A estudiar inglés en el extranjero, postgrados, otras carreras. Ya está bien de que el niño que es adolescente quiera ser de mayor funcionario.

Sin embargo, la clase media de este país se le echaría encima al pobre Mariano. Como los españoles somos unos vagos y completos inútiles ignorantes, en vez de pensar que estas medidas son necesarias para nosotros y que con ellas vamos a salir del pozo, haríamos huelgas de todo tipo porque estos señores hubieran venido a quitarnos nuestra apacible vida y nos conminaran a hacer algo que nunca en nuestra vida se nos había pasado por la cabeza; TRABAJAR.
Por eso, la segunda sombra que tiene detrás el bueno de Mariano es la sombra de la clase media.

LA MENTIRA

La desgraciada realidad es que esto no va a ocurrir. Por eso, lo que Mariano Rajoy y Rubalcaba intentan anunciar en su Programa Político no es más que una grandísima mentira. Nadie va a meterle mano a los ricos. Nadie va a meterle mano a la Administración Pública. Lamentablemente, lo que ellos necesitan para ser felices son votos. Si pusieran en una balanza, en un lado ser Presidente del Gobierno, y en otro estar en la Oposición pero salir de la crisis, os aseguro que elegirían lo primero. Es duro oírlo, pero es así. La mayor mentira que tenemos en este país es la Política actual. Y hemos llegado a tal nivel de indiferencia e ignorancia en este país que no creo que consigamos arreglar este problema nunca.


LA IGNORANCIA

Esta es la parte del post que pueda herir la sensibilidad de mucha gente. Pero creo que mi razonamiento es necesario en estos momentos.

Este país está lleno de analfabetos. No me refiero a esas personas ancianas que no tuvieron la oportunidad de estudiar, como mis abuelos, y que no tuvieron más remedio que trabajar desde bien pequeños para sacar adelante un país metido de lleno en una gran miseria en forma de posguerra. Faltaría más culpar a nuestros pobres abuelos de la crisis que estamos viviendo ahora.

Yo me refiero a ese joven de entre 20 y 30 años. Ese joven que dejó de estudiar cuando tenía 18 años, sin tener ni siquiera el graduado escolar, porque siendo obrero de la construcción, ensolador, yesista, cristalero, electricista, fontanero, ganaba 3000 Euros al mes limpios de polvo y paja. Ese joven que, ahora que ya no se pone ni un solo ladrillo, ni una sola baldosa, ni un solo grifo, ni un solo cristal, ni un solo enchufe en una casa, lleva dos años en el paro esperando a que alguien le contrate. A ese joven, dos preguntas.

¿ Tú crees, pedazo de animal, que un peón que se dedica a poner ladrillos puede ganar más dinero que un profesor de universidad?

Tú crees, pedazo de animal, que alguien te va a contratar sabiendo que no tienes ni el graduado en E.S.O.?

Lamentablemente, eres un ignorante, pero no es culpa tuya. La culpa es de quien te hizo creer que eso iba a durar toda la vida. La culpa es de el que hizo creer, sin poder creerselo ni él mismo, que la construcción iba a durar eternamente. La culpa, al fin y al cabo, es de quien os engaño gracias a que sois unos completos analfabetos.

La educación de este país, ese es el problema. Falta de valores, llamadlo como querais. Hay que empezar desde el principio. No se puede se profesor haciendo tres años de esa pantomima llamada Magisterio y aprobando una oposición de 25 temas. No puede ser que los profesores que den clase en este momento pongan más faltas de ortografía que los propios estudiantes. Que haya profesores que no hayan leído un solo libro en su vida. Es tirarnos piedras contra nuestro propio tejado. Y que conste que hay excepciones; yo conozco maestros muy preparados. Pero la regla general, lamentablemente, es esta.

Somos unos analfabetos, pero también unos vagos. Salimos de España y no tenemos ni idea de hablar otros idiomas, ni siquiera el inglés, obligatorio para cualquier persona hoy en día. Fuera de nuestras fronteras se ríen de nosotros. Pero eso sí, nosotros nuestro verano, nuestro vino, nuestras fiestas, nuestras playas y nuestras paellas. Fenomenal, así nos pinta.

Si yo fuera Presidente, le metería mano a las rentas ricas de este país. Le metería mano a los funcionarios y me cargaría un millón de ellos. Y de una vez por todas arreglaría la educación en este país de analfabetos. Dentro de 25 años saldría en las Enciclopedias. Pero Mariano Rajoy o Rubalcaba no lo van a hacer, porque a ellos, lamentablemente, no les interesa salir en los libros de Historia. Les interesa ganar las elecciones, y salir en los periódicos del día 21.




jueves, 9 de junio de 2011

El "Fenómeno"


Este post se podría titular: "Mis cinco genios del fútbol". Pero no lo hace.

Posiblemente pocos aficionados de hoy, los más jóvenes, sepan quién fue Chris Waddle. Este Waddle era un tipo poco menos que lamentable. Tenía esa cara mezcla de Bryan Adams y Willem Dafoe, ya sabeis a lo que me refiero. Un auténtico yonki. Aún teniendo esa espantosa cara, se caracterizaba sobre todo, por tener el peinado más escandalosamente horrendo de la maldita Historia del Fútbol. Ni la cresta de Ronaldo en el Mundial de 2002 era tan fea, oiga. Además, es amigo de un tal Paul Gascoigne. Nada bueno, la verdad. Sin embargo, la clase que destilaba este tipo era eterna. Era un genio. Os lo recomiendo. Genio Chris Waddle.

Si la gente de hoy en día aficionada al fútbol no conoce a Waddle, mucho menos conocerá a Matt Le Tissier. Este señor, mitad francés, mitad inglés, fue lo que podemos llamar un "genio silencioso". No quiso nunca jugar en los grandes clubes ingleses, y durante más de 500 partidos luchó por la permanencia en su club de toda la vida, el Southampton. Sus aficionados le llamaron "Le God". El prefería llamarse "Le Fat". Efectivamente, tenía un tripón solo comparable a su calidad de grande. No en vano, era un grandísimo aficionado a las hamburguesas, el chocolate, y cómo no, la cerveza. No llegó a jugar Eurocopas, Mundiales, Copas de Europa o Recopas. Dio igual. Le Tissier era un genio.

Imagino que al tercer Genio de mi lista sí lo conocereis. Se trata de un italiano moreno, guapete, que llevaba unas trenzas parecidas a las de Pocahontas. Un tipo peculiar que nació en un pueblo llamado Caldogno, donde he tenido el gusto de estar. El tercer Genio de mi lista, descúbranse, señoras y caballeros, es Roberto Baggio. Un tipo al que lamentablemente se le recuerda por aquel penalti fallado en el Mundial de Estados Unidos de 1994 que le dio el título a la rácana Brasil de Carlos Alberto Parreira de los grandísimos Bebeto, Mazinho, Romario o Mauro Silva. Sin embargo, el gran Baggio era mucho más que eso. Para que os hagais una idea, el día que la Fiorentina lo traspasó a la Juventus, en el verano de 1990, hubo disturbios en Florencia. El Genio, Roberto Baggio.

Cuarto Genio de la lista, el penúltimo, el segundo en mi lista de gente que me tocó la fibra futbolística. Un señor calvo, con pinta de persona mayor, bastante tímido, silencioso. Un Genio con mayúsculas. Señores, señoras, hablamos de, para mí, el mejor futbolista de los últimos 10 años. El gran Zinedine Zidane.

Aunque soy un confeso culé, no ha habido nadie, repito, nadie, ni siquiera Leo Messi, que en últimos años me haya dejado tantas veces con la boca abierta, y eso que no soy de fácil asombro en cuanto a fútbol se refiere. Zidane lo hacía cada vez que tocaba el balón. "Zizou" no jugaba, bailaba con el balón. Era tan elegante que estoy convencido de que muchos defensas no hacían falta por no destrozar aquella obra maestra continua. Era, para no variar, un Genio.

Sin embargo, el último párrafo de mi lista está dedicado al mejor jugador de la década de los 90, siempre en mi opinión. Un futbolista que, de no haber sido por sus gravísimas lesiones de rodilla a lo largo de su carrera, hubiera sido el mejor futbolista de la Historia. El "finalizador" más importante de la Historia del balompié se llama Ronaldo Nazario da Lima.

Yo tenía 9 años cuando el Barcelona de Bobby Robson fichó a Ronaldo. El club culé hizo un equipo de auténtico lujo, con Vítor Baia, Popescu, Laurent Blanc o Luis Figo como máximos estandartes. Ronaldo era el estilete de aquel equipo. Hizo 34 goles, y mi amigo Quintín siempre dice que perdimos aquella liga porque Ronaldo se marchó a la Copa América y tuvimos que jugar las últimas jornadas con Angelito Cuéllar en punta. Daba igual. No he visto nada igual en mi vida. No he visto jugador más desequilibrante que el Ronaldo que jugaba en el Barcelona.

Después, gordo como un oso, se hinchó a meter goles en el Real Madrid. Eso denota la pasta de Genio, porque hasta gordo y con una pierna menos era el mejor.

Me da pena porque hace unos días le he visto "jugar" sus últimos 15 minutos con la selección brasileña. Tendré que conformarme con seguir viéndolo en vídeos.

Hasta siempre, "Fenómeno", hasta siempre, Genio Ronaldo.


miércoles, 25 de mayo de 2011

Érase una vez...


Érase una vez tres amigos. En realidad érase una vez más de tres, pero en este caso lo acotamos un poco. Pongámos nombre a los protagonistas de nuestra historia.

El primero de ellos se va a llamar, para que nos entendamos, Dennis Rodman. Un tipo curioso que no mide más de 1.80 m, pero que toda su jodida vida (exceptuando algún iluminado que lo ponía en otro sitio) ha jugado de "5", de "Center", como dicen ahora los entendidos de esto. Un sujeto que, hiciera frío o calor, jugara el individuo más preparado o el inepto más ingenuo, siempre, y digo siempre, acababa con dobles dígitos en puntos y rebotes. Un tipo que tuvo que aguantar que algún entrenador dijera de él que "sólo cogía los rebotes que iban por el suelo". Un personaje, al fín y al cabo, que si hubiera medido 20 centímetros más y sus rodillas hubieran aguantado, habría acabado jugando en el Barcelona. Alguien que, si no me hubiera duchado con él unas 200 veces, juraría que tiene, y que me perdonen la soez expresión, los huevos más cuadrados que el ring de Rocky Balboa.

El segundo protagonista de nuestra historia se llama Greg Ostertag. Un tipo peculiar, currante, sacrificado, con algo menos de talento que Rodman para el baloncesto pero infinitamente trabajador. Repartidor de estopa a domicilio, su labor en la sombra siempre ha sido premiada por todos los entrenadores que ha tenido. De carácter siempre afable, su mandíbula se inclina hacia abajo, al igual que su ojo izquierdo, cada vez que el alcohol sobrepasa ciertos límites en su organismo. Un individuo, al fín y al cabo, que todos el mundo querría tener como compañero de equipo y amigo.

El tercer protagonista de este cuento se llama Julian Ross. Efectivamente, se llama igual que aquel personaje de "Oliver y Benji" que padece un problema de corazón y sólo puede jugar la mitad de los partidos. Un individuo curioso, amante de la buena vida, de la ginebra, de las mujeres y, al igual que los otros dos, del baloncesto. Algo bocazas, o le odias o le amas, no tiene término medio. Indiferente no deja a nadie, de eso estamos de acuerdo. Un auténtico personaje, vamos.

Estos tres muchachos, Dennis, Greg y Julian, eran compañeros de equipo hace unos años. Vivían en la misma ciudad y junto a otros camaradas formaron el equipo de baloncesto que mejor juego practicaba de todo su barrio. Ganaron unos cuantos partidos y mantuvieron en alza la noche salmantina durante un cierto tiempo. Sin embargo, la vida les reservó caminos diferentes, y cuando terminaron su etapa de instituto cada uno se fue a estudiar una carrera diferente. No por ello, claro está, dejaron de ser buenos amigos, y cada vez que se juntaban los dueños de los bares daban gracias a Dios por haberlo permitido.

Resultó que, hace unos días, Julian recibió una llamada de Dennis. Jugaban en el mismo sitio y a la misma hora, y como Greg jugaba también cerca de allí, Rodman le ofreció a Julian juntarse los tres, por los viejos tiempos. Por supuesto, el vividor de Julian no se lo pensó ni un momento, y el borracho de Ostertag tampoco dudó.

Y allí estaban. 6 años, tres carreras, 3 o 4 novias y un sinfín de copas después, los tres amigos que un día, con 12 o 13 años, se juntaron en una cancha de baloncesto para tirar unos rifles. Debe ser verdad eso que dijo Emily Dickinson: "Después de todos nuestros avatares, nuestro único patrimonio son nuestros amigos".

Brindo por ustedes, señores. Por la penúltima. Amén.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

En primer lugar, pedir perdón por escribirles después de tanto tiempo, pues por todos es conocido que soy un republicano de chúpame dómine. Sin embargo, entenderán que su Monarquía va más allá de todo lo político o lo apolítico, afortunadamente para ustedes. Es más, creo poder decir que, aun estando más cerca de la zurda de lo que estarán muchos en toda su vida, a ustedes tres les respeto por encima del resto de las Monarquías del Mundo. Al menos Sus Majestades tienen trabajo que hacer, aunque sea sólo unos días al año. Ustedes se ganan su sueldo, si señor, el que sea, y eso, en su gremio, es digno de mención. Pero vayamos al grano.

Les escribo hoy porque he visto a mi primo pequeño, que cuenta 5 años, hacerlo. El pobre estaba todo entusiasmado porque iba a pedir una PlayStation 3, de esas que ahora se venden como churros, y que a Ustedes les tendrá que costar un pastón como a todo hijo de vecino. Quería no se qué juego de carreras, no se qué juego de tenis y no se qué leches de baile que no he llegado a entender bien del todo. Sus padres, con mucha mano izquierda (ya ven Sus Majestades que en mi familia, el izquierdo es el lado predominante), le estaban explicando a mi pobre primo que no fuera a ser demasiado desconsiderado pidiendo cosas, que ya se sabe que estamos en crisis y a Ustedes, a los Reyes Magos, les costaba también un ojo de la cara todos esos regalos para todos los niños del mundo. Y es que la crisis ha llegado a tal extremo que hasta Ustedes y Papá Noel seguro que se han visto afectados. Ahora, me parece muy curioso que, viniendo del Lejano Oriente, también se hayan visto afectados por la lamentable gestión de este nuestro gobierno socialista, como dicen los "Peperos". No, si al final vamos a tener un presidente internacional y todo, y eso que no sabe ni inglés! Ya me veo al señor Rajoy, ese hombrecillo que arde en deseos de ser Presidente del Gobierno para hacerlo aún peor de lo que lo está haciendo el la oposición, pidiendo explicaciones a Zapatero porque Ustedes y Papá Noel no se hayan jubilado ya, a sus dos mil y pico de años, que le parece una verguenza como se trata a la tercera edad y que bla, bla, bla... Bueno, ya me entienden.

Les tengo que ser totalmente sincero. Yo esto de los Reyes Magos, como que no lo veo. En realidad, no es porque me haya hecho mayor ni nada de eso, ya lo que lo llevo sin ver desde hace mucho tiempo. Miren, cuando yo tenía la edad de mi primo, incluso algunos años más, les escribía todos los años en tiempo y forma. Mis cartas eran, perdónenme la expresión, absolutamente cojonudas. Si hay una cosa de la que puedo presumir es de haber cometido muy pocas faltas de ortografía desde edad bien temprana. Esas cartas, Majestades, tenían encabezamiento, nudo y desenlace, por decirlo de alguna manera. Eran poco menos que fantásticas, o al menos para mí, lector absolutamente neutral, lo eran. El problema, muy señores míos, provenía de que ustedes no sabían leer. Me explico.
Cuando yo les escribía, allá por el Mesozoico, mis cartas eran claras y concisas. En 1993, con 6 años, por ponerles un ejemplo, les pedí a Ustedes tres cosas, a saber; una bicicleta, una Sega Mega Drive y un balón de fútbol Cuestra, que iba a ser el balón del Mundial de Fútbol de 1994. Puedo entender que las tres cosas hubieran sido excesivas, pero al fin y al cabo, el balón no pesaba tanto como para traerlo en la alforja, creo yo. Ustedes, como creo que no habían leído bien mi carta, me trajeron un jersey, dos pantalones de chándal, unas rodilleras (estoy seguro de que mi madre les escribió para decirselo) y libros, muchos libros. Eran libros con dibujos, de esos que llamamos cómics, pero...eran libros al fin y al cabo! Qué poca consideración por su parte.

Así pues, unos años eran unos comics de pasta amarilla que eran de un tal Tintín, un pelirrojo con cresta que, ahora que somos todos mayorcitos, yo creo que perdía un poco de aceite. Otros años venían Astérix y Obélix, que no estaban mal, pero que para mí estaban un poco anticuados, mira que luchar con espadas de madera y cazar jabalíes con las manos a estas alturas...Y otros años venían dos españoles, Mortadelo y Filemón, que bueno, qué quieren que les diga, tampoco estaban mal, pero tenían una vida un poco rara para ser detectives, creo yo...
Cuando fui creciendo, los cómics pasaron a mejor vida, pero los libros seguían entrando en mi casa como Bonilla hace churros en Navidad, a cascoporro. Estos eran más grandes, todo letras pequeñas. Ni consolas ni leche frita, en mi casa lo más tecnológico que había era el termómetro para medir la fiebre.
Así pues, no me quedó más remedio que, para matar el aburrimiento, hacer un poco de caso a mi madre y comenzar a leer todos aquellos plomos. Primero estaban los suramericanos, esos que para describir una piedra estaban tres páginas y media; García Márquez, Vargas Llosa, Luís Sepúlveda, Jorge Luís Borges, Julio Cortázar... También estaban los norteamericanos, los que mi padre llamaba siempre la "Generación Beat", supongo que porque les gustaban los Beatles, o yo que sé por qué. Gente como Faulkner, Dos Passos, Capote, Steinbeck, y uno que venía mucho a los San Fermines, un tal Hemingway. Andaban por ahí también los famosos "Clásicos", esos que mi madre se emperraba en dejarme siempre en la mesilla de noche cada vez que me iba a la cama. Que si Homero y su Odísea y su Ilíada, Virgilio y su Eneida, el dichoso Quijote, los de Shakespeare, todos y cada uno, incluso los más pesados, como La Celestina, el Conde Lucanor o El Libro del Buen Amor, estaban todo el año pululando por ahí. Y claro, no me quedaba más remedio que leerlos, a ver si mis padres se enfadaban y me dejaban sin paga, vete tú a saber.

Cuando fui creciendo, además de libros, a mi casa llegaban dos tipos de cosas; música y cine. Efectivamente, en esas dos cosas no había consolas, ordenadores o tamagochis. Si es cierto que mis padres me regalaban por mi cumpleaños un balón o una raqueta, que yo por aquel entonces le daba mucho al tenis, saben Ustedes, pero nunca, y digo nunca, cayó por Reyes algo que me convenciera del todo.
Pero bueno, cuando veía los CD's, pues me decía, "bueno, al menos algo bueno para escuchar". Ni eso. A mis padres no les sonaban los Backstreet Boys ni Aqua, así que en casa había mucha música, pero toda era un coñazo. Mira que no conocer a los Backstreet Boys...
Mis padres hablaban sin embargo de Aute, Serrat, Sabina, Nino Bravo, Bob Dylan, Springsteen, Elvis Presley, Frank Sinatra, Freddy Mercury, el Jazz, los 60, los 70... Yo, por mi parte, no podía por menos que alucinar.
Para que Ustedes vean como eran aquellos días, un día me hicieron callar cuando entré en el salón porque en la minicadena estaba sonando un grupo que les encantaba. No me dejaron hablar hasta que terminó la dichosa canción, que por supuesto no conocía absolutamente nadie. Por si tienen curiosidad, los que cantaban se hacían llamar "Creedence Clearwater Revival" y tocaban algo como "Have you ever seen the rain" o algo así. Menudo nombre más estúpido para el grupo, yo también lo he pensado, no se crean. Pero en fín, a ellos les encantaba, nada podía hacer yo.

Y luego estaba el cine, ese que mi padre adoraba. No se podía ver Aladdin, como todo hijo de vecino. En mi casa se veía cine italiano, francés, español, americano en blanco y negro...pero nunca cine de dibujos, con lo que a mi me gustaba. Total, que acabé acostumbrándome a ver películas de gente que ni me sonaba, como John Ford, John Houston, Billy Wilder, Elia Kazan, Pasolini, Fellini, Rohmer, Berlanga, Bardem y un sinfín de gente que nadie conoce. Actores, pues imagínese, más de lo mismo. Había dos de ellos, eso sí, que me encantaban. Se llamaban Montgomery Clift y Paul Newman. Imagínense lo viejos que eran los dos que ya han fallecido.

En fín, que como pueden ver, no tuve lo que solemos decir una infancia muy "normal". Por eso les escribo hoy, para pedirles por favor que le regalen a mi primo esa PlayStation3 de las narices, que el pequeño se la merece, que se ha portado muy bien, y que aunque estemos en crisis siempre es bonito ver como los sueños de los más chicos se cumplen el día 6 de Enero. Solo si puede ser, claro está, Ustedes son los Reyes, faltaría más.

P.D.: Espero que no les haya molestado mi tono de acritud durante toda la misiva. En el fondo, creo que me alegro de que todo lo que les he contado me haya pasado a mí. Adoro Tintín, Astérix, Obélix, Mortadelo, Filemón y otros tantos personajes de cómic. Adoro a los sudamericanos, a la "Generación Beat" y a los Clásicos. Me encanta la música de los 60 y los 70, y continuo revisando las obras maestras del cine de los 40, 50 y 60. Por último, les diré que "Have you ever seen the rain", de Creedence Clearwater Revival, sonará el día de mi boda, por lo civil, espero.

Al final, va a resultar que tiene razón mi madre, y que Ustedes, los Reyes Magos, siempre aciertan con los regalos que traen cada 6 de Enero.




miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hasta luego Lucas!


Solamente unas líneas dedicadas a alguien que hizo que un servidor, a los 11 años, le pidiera insisitentemente a su padre que le llevara a alguna academia de tenis para aprender ese "drive" que tanto le gustaba. Desde los 11 a los 15 años mis semanas iban y venían al club de tenis "Graveras Sánchez", uno de los más conocidos de Salamanca. Allí comencé a jugar, me federé e incluso gané algún torneo a nivel local. Luego llegó el baloncesto, y la imposibilidad de compaginar raqueta y balón los fines de semana. Cuando tuve que elegir, pesó que el baloncesto es un deporte mucho más divertido, y por extensión mucho menos sacrificado. Mi madre siempre dijo que era mucho mejor jugador de tenis que de baloncesto, pero sin embargo, elegí el camino más sencillo. El tenis es un deporte que te obliga a tener una fuerza mental casi sobrenatural. Psicológicamente, puede ser uno de los deportes más duros que haya. Por jugarse individualmente, por tener que ir punto a punto, golpe a golpe, hasta el final. Partidos que creía ganados los perdí. Y partidos que en algún momento vi perdidos, dejé de verlos así y los acabé remontando. Pero la fuerza mental que hay que tener para remontar un partido así es algo inhumano. Por eso, mi admiración a los que se dedican a ello profesionalmente.

A Carlos Moyá le pertenece mi primer VHS tenístico. Antes, como no, el descomunal Sergi Bruguera y sus Roland Garros, el "Muro" Thomas Muster, el genial Michael Chang o el elegante Michael Stich, por nombrar algunos de los que me encantaban, coparon mis tardes deportivas de raqueta y pelota amarilla. Sin embargo, el primer partido que yo grabé fue la final del Open de Australia de 1997. Pete Sampras se paseaba entonces por las pistas de Melbourne con un saque y volea dignos de estudio, y un jovencísimo y casi desconocido españolito se coló en aquella final. Por supuesto, el partido no tuvo color, pero yo vibré hasta el último punto, aunque ya conociera el resultado ya que el partido era grabado.

Luego vino Roland Garros en el 98, y aquella final del Masters que le arrebató su amigo Alex Corretja en un duelo para recordar. Las lesiones lastraron el mejor "drive" invertido de la Historia del tenis español. Todavía tuvo tiempo para dar alguna que otra lección de tenis, como cuando le levantó a Patrick Rafter aquellos octavos de final del USA Open yendo 2-0 y 5-3 perdiendo. Incluso se permitió el lujo de ganar la Davis de 2004 en Sevilla, jugando los individuales con un tal Rafael Nadal, que ya se veía que iba a para leyenda.

Supongo que es ley de vida, pero siempre me entristece que este tipo de gente, deportistas que alguna vez marcaron nuestras vidas, se tengan que retirar. Por mi parte, sólo me queda recordar al mejor "Charly", en un viejo VHS que todavía debo tener guardado en algún cajón.

Gracias, "Charly".