miércoles, 27 de octubre de 2010

MJ- Kobe: La eterna discusión


La semana pasada comenzó la NBA, o como diría el gran y añorado Andrés Montes, el "Curso baloncestístico" 2010-2011. Por cierto, que comenzó con un más que deprimente Miami-Boston que, ahora que he vuelto al redil familiar, pude disfrutar en Digital Plus. Lamentable lo de los Heat, aunque no se de qué me extraño. Los 82 partidos de "Regular Season" son, haciendo un símil ciclista muy apropiado, como la primera semana del Tour. Es superior a mí, puede conmigo. Todas esas etapas llanas, carentes de ritmo, de ataques interesantes, sólo con el único interés de si algun que otro "sprinter" despistado se la pega en la llegada...pues bien, de eso trata la Liga Regular en la NBA. No hay defensa, no hay ataque, no hay nada de nada. Sólo puro y duro "show", que a fín de cuentas allí es lo que vende. Alguien que ha ido a ver algún partido de la NBA me dijo una vez que los aficionados van más por el espectáculo inicial y por los nachos del descanso que por el partido de baloncesto en sí. Está claro que eso es lo que buscan, pero así no hay Dios que aguante 3 horas de partido en el sofá... Mucho mejor para eso la NCAA, qué gran competición, eso es baloncesto, y no la maldita NBA.

Leyendo el otro día un artículo de Robert Álvarez en El Pais, me doy cuenta de que este año, más que nunca si cabe, comienza la eterna comparación entre Kobe Bryant, 5 anillos de campeón y probablemente el mejor jugador de la década, y Michael Jordan, 6 anillos y probablemente el mejor jugador de todos los tiempos. El morbo, qué les voy a contar, está asegurado. Aquí va mi reflexión sobre el tema, no se si acertada o no.

En primer lugar, hablamos de palmarés, tanto colectivo como individual. A nivel colectivo, los dos jugadores tienen carreras parecidas; uno tiene 6 anillos, el otro 5, los dos han ganado alguna vez los JJ.OO. (MJ lo hizo dos veces, en Los Ángeles 84 y Barcelona 92), y posiblemente sus equipos hayan sido referentes en sus respectivas décadas ( Los Bulls de los 90 y los Lakers de los 2000).

A nivel individual, para mí, están también muy equilibrados. Los dos atesoran múltiples galardones de MVP, tanto de Regular Season como de Finals. En anotación andan muy similares. Ahora, hay algo que Kobe nunca conseguirá, y que MJ sí obtuvo, que es el galardón al mejor defensor de la Liga (año 1988, si no recuerdo mal). Si obviamos ese detalle, los dos jugadores llevan la misma trayectoria individual. Y aquí hacemos un punto y aparte en nuestra reflexión.

Aquí entra lo puramente personal, mi valoración. Creo sinceramente que Kobe Bryant es uno de los 20 mejores jugadores de toda la Historia de la NBA. Anota, asiste, postea, rebotea, incluso defiende cuando le apetece. El principal problema es que creo que cualquier comparación con Michael Jordan empequeñece al jugador que sea. Y no sólo por sus cualidades como jugador de baloncesto. Me explico.

Michael Jordan cambió el baloncesto. No fue Magic, ni Bird, ni Kareem. Fue Michael. Jordan fue el primero en entender este juego como un "negocio", con todas las letras. Fue durante muchos años una máquina de hacer dinero de la que se benefició la NBA, muerta de auténtico asco antes de la llegada de Magic, Larry Bird y el propio MJ. David Stern, por aquel entonces joven Comisionado de la NBA, vio el producto y quiso venderlo. La empresa de ropa deportiva Nike, por aquel entonces a años luz de las grandes factorías como Adidas, Reebok o Converse, contrató a Michael. El resto, como se suele decir, es historia. Absolutamente todo el mundo en este planeta, sea aficionado al deporte o no, conoce a Michael Jordan. El problema, o la cuestión a la que me refiero, es que MJ no cambió el baloncesto desde la pista, sino desde la tienda de ropa y zapatillas. Y quizá por ello, Dios me perdone por esta afirmación, creo que se le ha sobredimensionado como jugador de baloncesto.

Si observamos con atención, podremos encontrar diversos ejemplos de un MJ totalmente sobrevalorado deportivamente. Para muestra, quizá el botón más famoso de la Historia. Sexto partido de las Finales de 1998, Salt Lake City, Utah. Jordan anota 45 puntos, incluídos los 4 últimos que le dan la victoria y el sexto anillo en 8 años a los Chicago Bulls. No tengo que recordar aquel magnífico robo a Malone en el poste bajo y el posterior quiebro a Rusell que acaba en canasta, creo que es de sobra conocido por todos. Lo que la gente no recuerda de aquel día que pasó a la Historia, es que el gran MJ hace un lamentable... 13/33! en tiros de campo. Cualquier jugador que haga un 35 % en tiros de campo en un partido de baloncesto profesional sabe que no ha jugado correctamente. Cierto es que Jordan, al igual que Kobe o que otros muchos, tiene lo que podemos denominar "licencia para tirar", gracias a que otros muchos días han anotado compulsivamente y con buenos porcentajes. Sin embargo, la "plebe" guarda en la retina esos últimos 45 segundos de partido. No recuerda el partidazo que hizo Pippen o los 23 rebotes de Rodman. Y no recuerda que dos jugadores, tan sólo dos jugadores, los enormes John Stockton y Karl Malone, pusieron en jaque durante dos años a uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Hay varias injusticias en la Historia de la NBA. Por ejemplo, aquellos Kings que se debieron llevar un anillo en 2002 y que Robert Horry les robó miserablemente. Que gente como Barkley no tenga un anillo de campeón. Y quizá, para mí, la injusticia más grande, que Stockton y Malone no "campeonaran" nunca.

Aquellos anillos de los Bulls no fueron ganados por MJ. Ní siquiera fueron ganados por MJ y sus ilustres gregarios. Fueron ganados por esos ilustres gregarios con MJ. En un lado, Scottie Pippen, un jugador total incluído entre los 50 mejores de la Historia, Toni Kukoc, uno de los mejores europeos de siempre, Dennis Rodman, el mejor defensor de la liga, Luc Longley, un "7 pies" con mano de oro, Ron Harper, que valía para absolutamente todo (el "Hombre de la intendencia", ¿recuerdan?), Steve Kerr, un auténtico especialista y excelente defensor...y a la cabeza de todos ellos, Michael Jordan, uno de los 5 mejores jugadores de toda la Historia. Sin embargo, los Jazz de Stockton y Malone, un poquito de Hornacek, que era más granjero que jugador de baloncesto, un poquito de Ostertag, un repartidor de estopa sobrevalorado, y un poquito de Howard Eisley y Byron Russell, dos "obreros" en toda la extensión de la palabra.

Comparen ustedes las dos plantillas, y observarán la descompensación de calidad. Si a eso le añades a Jordan, un especialista en ganar partidos al final, tenemos un equipo de leyenda. Probablemente, ese el es único mérito real en el que MJ es el mejor de todos los tiempos. Son incontables los partidos que ha ganado con un "Buzzer beater", es decir, con una canasta sobre la bocina. Y quizá por eso, entre otras cosas, es considerado el mejor.

Michael Jordan? Sí. Y Kobe Bryant, Wilt Chamberlain, Magic, Larry Bird, Bill Russell y tantos otros. Todos ellos están en el Olimpo del baloncesto mundial. Sólo uno de ellos, el fantástico "Air", es encuentra en el Olimpo del marketing deportivo. Y como esos dos Olimpos son vecinos, algunas veces se confunden. Dios me perdone por escribir este texto.

P.D. Que conste en acta que, si tuviera que practicar sexo con algún hombre en mi vida, sería con dos personas; Carlos Goñi, el cantante de Revólver, y Michael Jordan. Palabra.

Un saludo.

jueves, 14 de octubre de 2010

De Alexandre y otros Genios...


Esta semana falleció Manuel Alexandre, y les aseguro que por ello ha sido una semana triste.

De Manuel Alexandre siempre recordaré su corta pero intensa aparición en una de mis primeras películas en blanco y negro, "Atraco a las tres". En una pequeña mesa, con una tenue luz que apenas dejaba entrever sus "malvados" planes, Agustín González, Cassen, Gracita Morales y Alfredo Landa preparaban el famoso golpe. Años después, demasiados quizá, me harté a llorar de la risa en un programa de Florentino Fernández donde él mismo, Miki Nadal y los fabulosos Cruz y Raya realizaban una desternillante parodia de la escena, pero en este caso se preparaban para atracar el plató de la serie de Antena 3, "Un paso adelante".

Uno de mis muchos defectos es el de la idolatría. Como, en mi caso, Dios no me juzgará como uno de los suyos, para mi los pecados capitales no existen. Por eso, más que llamarlo idolatría lo podríamos llamar Envidia, con mayúsculas. Envidio a los genios. Y no me refiero a esos grandes matemáticos, físicos o biólogos que nos hacen la vida mejor. A esos, mi reconocimiento. Yo envidio a los genios que hacen que los ciudadanos de a pie, como yo, se les escape una sonrisa. Ya sea viendo una película, leyendo un libro, presenciando una obra de teatro, estos Genios hacen de nuestra vida algo más feliz, aunque sólo sea por un momento. Manuel Alexandre era uno de ellos. En mi caso, el cine copa el 90 por ciento de mis sonrisas, lo reconozco, pero también reconozco que cada vez es más difícil sacarme una. Y Manuel Alexandre lo hacía. Lo hacía siempre.

Para mí, como para muchos aficionados al gran cine español, se va el último representante de una saga de actores irrepetible. Encabezados por el Genio entre los Genios, el gran Fernando Fernán Gómez, y gracias a gente como Alexandre, Agustín González, José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, Pepe Isbert y alguno que seguro que me olvido, un servidor se enamoró para siempre del verdadero cine español. Por supuesto que hay grandes actores ahora; Javier Bardem, Eduard Fernández, Luis Tosar y un largo etcétera. Pero, sin menospreciar a nadie, les falta algo que sus maestros sí tenían. Posiblemente, como siempre digo, corazón, kilómetros de corazón.

Estoy seguro de que el gran Fernando, allá arriba, en el cielo de Bakunin, Proudhomme, Alberti, Lorca y tantos otros "colorados" como ellos, los habrá citado para hacer, quizás, la última gran película de sus vidas, y que será una proyección recordada para siempre por los amantes del gran cine, del cine con mayúsculas.

Descanse en paz, Manuel Alexandre.

jueves, 7 de octubre de 2010

Una tarde en los toros

La tarde era idónea en la madrileña Plaza de Las Ventas, una de las catedrales de "La fiesta". Se acercaban las 5 de la tarde, la hora señalada para el comienzo de la corrida, y la expectación sólo iba ir en aumento en las gradas del coso. La corrida de la beneficiencia siempre había sido una de las más importantes de la fantástica y emblemática Feria de San Isidro. El tiempo apremiaba. En las entrañas del santuario madrileño, los matadores comenzaban su mítico ritual. Quizá fuera hoy la corrida de toros más importante de la Historia de España, por los tres toreros que la componían. En un principio, iba a ser un mano a mano, pero al final el tercer "maestro" se unió a la fiesta.

En capilla, posiblemente tres leyendas de las plazas. De aspecto siempre juvenil, y asediado constantemente por la nube de periodistas del corazón, se encontraba "Avispado", quizá el torero más en forma de todos. Su matrimonio con "Agradecida", que fue interpretado por todos como una boda preparada por los padres de ambos, fue exclusiva mundial en revistas tan importantes de la prensa rosa como "Adiós", "10 segundos" o " Qué me cuentas". Fue un pelotazo en toda regla, pero a partir de ahí la prensa convirtió su matrimonio en un acoso terrible, llegando Islero incluso a agredir a un cámara un día a la salida de su casa. El segundo "maestro" en saltar al ruedo sería el más sereno de todos, quizá por su templanza y experiencia en estas lides. "Islero" era el torero de más clase que había existido en este país en décadas, según las revistas especializadas. Auspiciado por el Gobierno del Régimen, el gran "Islero" sería, ya sin dudarlo, uno de los toreros más importantes de la Historia de España. Y el tercero en discordia, aquel que se apuntó a última hora a participar en esta tarde gloriosa, era "Belador", el torero más veterano de los tres, y por ende el más castigado físicamente. Aún así, el público esperaba que el gran "Belador" diera, como siempre, un enorme espectáculo.

El cartel era todo un lujo. El ambiente, inmejorable. El público estaba enfervorecido y no podía esperar más. Los toros iban a ser presentados.

De unos 70 kilos de peso, moreno de piel, tímido y con cierto empaque pese a su apariencia delicada, se presentaba el primer toro de la tarde, de nombre "Manolete". "Islero" lo fue acometiendo poco a poco. Sus lances de izquierdas levantaron los primeros "oés" del público allí presente. La faena estaba yendo de menos a mucho más. Antes del último cambio de tercio, la ovación que Las Ventas le estaba brindando era increíble. "Islero" cambió la muleta a la derecha y se dispuso a darle la última vuelta a su toro, un ejemplar bravísimo y con mucha clase. En el tercer lance, "Manolete" enganchó a "Islero". La plaza enmudeció. La cogida había sido sobrecogedora. El toro lo zarandeó y lo arrastró por el suelo durante 4 interminables segundos. La cuadrilla de "Islero" entró en acción y cogió al torero. El matador acabó en la enfermería, y pocos minutos después se confirmaba su fallecimiento debido a las lesiones producidas por la cornada, de una sola trayectoria y sin orificio de salida. Acababa de morir un mito del toreo.

Un poco más pesado que "Manolete" pero algo más bragado, aparecía en el coso madrileño el segundo de la tarde, de nombre "Paquirri", de la ganadería andaluza más importante. "Avispado" comenzó con unos bonitos lances de izquierdas, verónicas casi sin importancia y chicuelinas de gran clase y elegancia. Se le veía agusto. El torero iba desgastando poco a poco al toro. Los banderilleros hicieron su trabajo a la perfección. "Paquirri" sangraba abundantemente por el lomo, y jadeaba mientras miraba como su verdugo, dado la vuelta y saludando, era ovacionado por el respetable a cada lance de la lidia. Sin embargo, "Paquirri" debió pensar que la corrida no había acabado aún. En un quite muy justo, "Avispado" fue cogido. El matador fue zarandeado, igual que unos minutos antes lo había sido "Islero". Mismas caras en el público. Mismo silencio sepulcral. En la enfermería de la Plaza, el médico presente, con poca experiencia, tiembla de miedo. Con una serenidad abrumadora el bravo "Avispado" le habla. " No se preocupe Doctor, corte por donde tenga que cortar, la cornada tiene dos trayectorias". La imagen, captada por las cámaras de TVE, es una de los momentos icónicos de la Historia del Toreo español. A las 12 de la noche, "Avispado" no consigue superar los dolores y el desangre y muere. Su viuda le llorará eternamente, y dos de sus hijos serán toreros en su honor.

"Belador" saltó al ruedo con el miedo en el cuerpo después de ver lo sucedido a sus dos colegas con anterioridad. Pero él era un torero de raza, de casta, y no podía dar síntomas de temer nada.
El toro salía por la puerta de toriles. De nombre "Ortega Cano", finito, elegante, con rostro adusto y forma envidiable.

La faena no pudo ir mejor. El toro era bravísimo y de una clase superlativa. "Belador" estaba haciendo una de las faenas de su vida, sino la faena. Y era gracias al toro que le había tocado en el lote. Llegaba la hora de terminar con aquel fantástico momento de inspiración. La plaza de toros de las Ventas se caía literalmente. Antes de entrar a matar, ya habían aparecido algunos pañuelos blancos pidiendo trofeos para el monumental matador. Cambio de tercio. "Belador" se disponía a terminar la faena con una estocada sublime.

Sin embargo, antes de entrar a matar, "Belador" tuvo un pensamiento. Lo había estado teniendo en cuenta durante los últimos meses cada vez que pisaba una plaza. No entendía porque "Ortega Cano" tenía que morir para que él completara su faena. La faena ya era de por sí la mejor que había realizado. Y pensó, cuánta injusticia, este pobre animal no puede terminar así. Se dirigió al Presidente de la Plaza, y en un gesto serio, comenzó un discurso que quedaría grabado en las retinas de todos los grandes aficionados.

"Señor Presidente, distinguidas autoridades, Majestad. LLevo días pensando en alguna razón lógica y coherente para matar a este pobre animal de nombre Ortega Cano, y no encuentro ninguna. Nosotros, los toros, somos los seres más importantes en la faz de la Tierra gracias a lo que nos diferencia del resto de las especies; nuestra capacidad de razonamiento. Estos pobres humanos siempre han estado a merced nuestra, principalmente debido a que son una raza claramente inferior. Sin embargo, considero que no tenemos ningún derecho a privar a los humanos de una vida en libertad, sin tener que traerlos aquí a morir, para mayor deleite del público aquí presente. Nosotros no somos animales, señor Presidente, nosotros somos Toros. Y lo que principalmente nos diferencia de todos los demás animales, o lo que en realidad nos debería diferenciar, es nuestra civilidad. Yo, por mi parte, voy a indultar a este magnifico humano que nos ha dado esta tarde de gloria. Ustedes, por su parte, deberían hacer lo mismo. Muchas gracias, señor Presidente".

Y así fue como se prohibieron las Corridas de humanos en España. Así fue como los humanos vivieron en libertad para el resto de sus días, sin tener ningún toro que les molestara.