domingo, 27 de mayo de 2012

Los últimos románticos, su último baile.




Me vienen a la cabeza grandes despedidas, fascinantes últimos bailes. 

Juan Antonio San Epifanio, "Epi", se despidió una calurosa tarde de 1995, Jugó solo 26 segundos. Don Alejandro le sacó con el partido ya decidido y Mike Ansley, aquel enorme americano que tiene el privilegio de nombrar a una liga ACB, la "Liga del triple de Ansley", cometió una falta a propósito para llevar a "SuperEpi" por última vez a la línea de 4.60. Antes de que tirara, Ansley le dió un abrazo cómplice. El partido terminó con una ovación de las 8.000 personas que abarrotaban el Palau Blaugrana hacia alguien que les había hecho tremendamente felices durante 19 años. Mi madre aún no se ha repuesto de la retirada de Epi.



Quizá una de las despedidas que más me marcó fue la de André Agassi. Para el que escribe Agassi era algo parecido a un Ave Fénix, alguien que resurge de sus cenizas gracias a tesón, sacrificio e infinito talento. El de Las Vegas lo era todo; el mejor desplazamiento lateral de pies que he visto en mi vida, el bote pronto de auténtico genio, la inteligencia, la polivalencia en todas las superficies. Entiendo a la gente que vibra con los duelos entre Nadal, Federer y Djokovic. Sin embargo, en mi opinión, nunca vi nada igual como los partidos entre Agassi y Sampras. 
El bueno de André no podía con la espalda. Aguantó todo el partido hasta el final únicamente por respeto hacia el público que le había hecho grande. Benjamin Becker, un cañonero de medio pelo, tuvo que ser el verdugo para su desgracia. No creo que nadie se haya alegrado tan poco de haber pasado de ronda en US OPEN. Aquel día, y no me importa decirlo, lloré viendo como la Arthur Ashe despedía a uno de mis ídolos de infancia.



No todas las despedidas son amargas. Larry y Earving se despidieron jugando juntos los Juegos Olímpicos de Barcelona. Se lo pasaron como enanos. Uno era portador del VIH. El otro tenía la espalda para puré. Fue su último baile. Los dos hicieron de este deporte lo que es ahora. 





No todas las despedidas son deportivas. Los "Sin Bandera" se separaron hace unos años con un concierto despedida en Mexico D.F. Aún me estoy recuperando de ello.



Por supuesto que hay muchos más últimos bailes, hemos hablado de tres que fueron significativos, o no. Sin embargo, hoy hablamos de los San Antonio Spurs. 

Los Spurs representan al anciano experimentado que aún tiene una última lección que dar. Aquel Humprhrey Bogart en "La Reina de África" intentando hundir la cañonera alemana. Comandados por el General Poppovich, los chicos de Timmy Duncan pasean por las calles de la ciudad tejana como el que sabe que está ante su última oportunidad. Ahi esta el combatiente Parker, de las trincheras francesas, la cabeza pensante del batallón. Por allí se encuentra el Coronel Ginobili, trasladado de La Argentina después de un breve paso por el ejército del General Messina. El ejecutor de todo, el zapador. Se mantiene con ellos el soldado de primera Stephen Jackson, alguien mucho más importante de lo que dicen sus galones o su trabajo de intendencia. Por encima de todos ellos sobresale la figura del Teniente Duncan, aquel que será recordado como uno de los más ilustres personajes de la Historia de esta guerra llamada Baloncesto.  Auberbach, Riley, Jones, Daly, Jackson y ahora Poppovich. Son los nombres de los Generales que han pasado a la Historia por comandar sus batallones hasta la victoria. Todos tuvieron un último baile. El que esta noche ha empezado es el de los San Antonio Spurs. Disfrutemos de él.

Canta Donna Summer. 


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