Queridos Reyes Magos:
En primer lugar, pedir perdón por escribirles después de tanto tiempo, pues por todos es conocido que soy un republicano de chúpame dómine. Sin embargo, entenderán que su Monarquía va más allá de todo lo político o lo apolítico, afortunadamente para ustedes. Es más, creo poder decir que, aun estando más cerca de la zurda de lo que estarán muchos en toda su vida, a ustedes tres les respeto por encima del resto de las Monarquías del Mundo. Al menos Sus Majestades tienen trabajo que hacer, aunque sea sólo unos días al año. Ustedes se ganan su sueldo, si señor, el que sea, y eso, en su gremio, es digno de mención. Pero vayamos al grano.
Les escribo hoy porque he visto a mi primo pequeño, que cuenta 5 años, hacerlo. El pobre estaba todo entusiasmado porque iba a pedir una PlayStation 3, de esas que ahora se venden como churros, y que a Ustedes les tendrá que costar un pastón como a todo hijo de vecino. Quería no se qué juego de carreras, no se qué juego de tenis y no se qué leches de baile que no he llegado a entender bien del todo. Sus padres, con mucha mano izquierda (ya ven Sus Majestades que en mi familia, el izquierdo es el lado predominante), le estaban explicando a mi pobre primo que no fuera a ser demasiado desconsiderado pidiendo cosas, que ya se sabe que estamos en crisis y a Ustedes, a los Reyes Magos, les costaba también un ojo de la cara todos esos regalos para todos los niños del mundo. Y es que la crisis ha llegado a tal extremo que hasta Ustedes y Papá Noel seguro que se han visto afectados. Ahora, me parece muy curioso que, viniendo del Lejano Oriente, también se hayan visto afectados por la lamentable gestión de este nuestro gobierno socialista, como dicen los "Peperos". No, si al final vamos a tener un presidente internacional y todo, y eso que no sabe ni inglés! Ya me veo al señor Rajoy, ese hombrecillo que arde en deseos de ser Presidente del Gobierno para hacerlo aún peor de lo que lo está haciendo el la oposición, pidiendo explicaciones a Zapatero porque Ustedes y Papá Noel no se hayan jubilado ya, a sus dos mil y pico de años, que le parece una verguenza como se trata a la tercera edad y que bla, bla, bla... Bueno, ya me entienden.
Les tengo que ser totalmente sincero. Yo esto de los Reyes Magos, como que no lo veo. En realidad, no es porque me haya hecho mayor ni nada de eso, ya lo que lo llevo sin ver desde hace mucho tiempo. Miren, cuando yo tenía la edad de mi primo, incluso algunos años más, les escribía todos los años en tiempo y forma. Mis cartas eran, perdónenme la expresión, absolutamente cojonudas. Si hay una cosa de la que puedo presumir es de haber cometido muy pocas faltas de ortografía desde edad bien temprana. Esas cartas, Majestades, tenían encabezamiento, nudo y desenlace, por decirlo de alguna manera. Eran poco menos que fantásticas, o al menos para mí, lector absolutamente neutral, lo eran. El problema, muy señores míos, provenía de que ustedes no sabían leer. Me explico.
Cuando yo les escribía, allá por el Mesozoico, mis cartas eran claras y concisas. En 1993, con 6 años, por ponerles un ejemplo, les pedí a Ustedes tres cosas, a saber; una bicicleta, una Sega Mega Drive y un balón de fútbol Cuestra, que iba a ser el balón del Mundial de Fútbol de 1994. Puedo entender que las tres cosas hubieran sido excesivas, pero al fin y al cabo, el balón no pesaba tanto como para traerlo en la alforja, creo yo. Ustedes, como creo que no habían leído bien mi carta, me trajeron un jersey, dos pantalones de chándal, unas rodilleras (estoy seguro de que mi madre les escribió para decirselo) y libros, muchos libros. Eran libros con dibujos, de esos que llamamos cómics, pero...eran libros al fin y al cabo! Qué poca consideración por su parte.
Así pues, unos años eran unos comics de pasta amarilla que eran de un tal Tintín, un pelirrojo con cresta que, ahora que somos todos mayorcitos, yo creo que perdía un poco de aceite. Otros años venían Astérix y Obélix, que no estaban mal, pero que para mí estaban un poco anticuados, mira que luchar con espadas de madera y cazar jabalíes con las manos a estas alturas...Y otros años venían dos españoles, Mortadelo y Filemón, que bueno, qué quieren que les diga, tampoco estaban mal, pero tenían una vida un poco rara para ser detectives, creo yo...
Cuando fui creciendo, los cómics pasaron a mejor vida, pero los libros seguían entrando en mi casa como Bonilla hace churros en Navidad, a cascoporro. Estos eran más grandes, todo letras pequeñas. Ni consolas ni leche frita, en mi casa lo más tecnológico que había era el termómetro para medir la fiebre.
Así pues, no me quedó más remedio que, para matar el aburrimiento, hacer un poco de caso a mi madre y comenzar a leer todos aquellos plomos. Primero estaban los suramericanos, esos que para describir una piedra estaban tres páginas y media; García Márquez, Vargas Llosa, Luís Sepúlveda, Jorge Luís Borges, Julio Cortázar... También estaban los norteamericanos, los que mi padre llamaba siempre la "Generación Beat", supongo que porque les gustaban los Beatles, o yo que sé por qué. Gente como Faulkner, Dos Passos, Capote, Steinbeck, y uno que venía mucho a los San Fermines, un tal Hemingway. Andaban por ahí también los famosos "Clásicos", esos que mi madre se emperraba en dejarme siempre en la mesilla de noche cada vez que me iba a la cama. Que si Homero y su Odísea y su Ilíada, Virgilio y su Eneida, el dichoso Quijote, los de Shakespeare, todos y cada uno, incluso los más pesados, como La Celestina, el Conde Lucanor o El Libro del Buen Amor, estaban todo el año pululando por ahí. Y claro, no me quedaba más remedio que leerlos, a ver si mis padres se enfadaban y me dejaban sin paga, vete tú a saber.
Cuando fui creciendo, además de libros, a mi casa llegaban dos tipos de cosas; música y cine. Efectivamente, en esas dos cosas no había consolas, ordenadores o tamagochis. Si es cierto que mis padres me regalaban por mi cumpleaños un balón o una raqueta, que yo por aquel entonces le daba mucho al tenis, saben Ustedes, pero nunca, y digo nunca, cayó por Reyes algo que me convenciera del todo.
Pero bueno, cuando veía los CD's, pues me decía, "bueno, al menos algo bueno para escuchar". Ni eso. A mis padres no les sonaban los Backstreet Boys ni Aqua, así que en casa había mucha música, pero toda era un coñazo. Mira que no conocer a los Backstreet Boys...
Mis padres hablaban sin embargo de Aute, Serrat, Sabina, Nino Bravo, Bob Dylan, Springsteen, Elvis Presley, Frank Sinatra, Freddy Mercury, el Jazz, los 60, los 70... Yo, por mi parte, no podía por menos que alucinar.
Para que Ustedes vean como eran aquellos días, un día me hicieron callar cuando entré en el salón porque en la minicadena estaba sonando un grupo que les encantaba. No me dejaron hablar hasta que terminó la dichosa canción, que por supuesto no conocía absolutamente nadie. Por si tienen curiosidad, los que cantaban se hacían llamar "Creedence Clearwater Revival" y tocaban algo como "Have you ever seen the rain" o algo así. Menudo nombre más estúpido para el grupo, yo también lo he pensado, no se crean. Pero en fín, a ellos les encantaba, nada podía hacer yo.
Y luego estaba el cine, ese que mi padre adoraba. No se podía ver Aladdin, como todo hijo de vecino. En mi casa se veía cine italiano, francés, español, americano en blanco y negro...pero nunca cine de dibujos, con lo que a mi me gustaba. Total, que acabé acostumbrándome a ver películas de gente que ni me sonaba, como John Ford, John Houston, Billy Wilder, Elia Kazan, Pasolini, Fellini, Rohmer, Berlanga, Bardem y un sinfín de gente que nadie conoce. Actores, pues imagínese, más de lo mismo. Había dos de ellos, eso sí, que me encantaban. Se llamaban Montgomery Clift y Paul Newman. Imagínense lo viejos que eran los dos que ya han fallecido.
En fín, que como pueden ver, no tuve lo que solemos decir una infancia muy "normal". Por eso les escribo hoy, para pedirles por favor que le regalen a mi primo esa PlayStation3 de las narices, que el pequeño se la merece, que se ha portado muy bien, y que aunque estemos en crisis siempre es bonito ver como los sueños de los más chicos se cumplen el día 6 de Enero. Solo si puede ser, claro está, Ustedes son los Reyes, faltaría más.
P.D.: Espero que no les haya molestado mi tono de acritud durante toda la misiva. En el fondo, creo que me alegro de que todo lo que les he contado me haya pasado a mí. Adoro Tintín, Astérix, Obélix, Mortadelo, Filemón y otros tantos personajes de cómic. Adoro a los sudamericanos, a la "Generación Beat" y a los Clásicos. Me encanta la música de los 60 y los 70, y continuo revisando las obras maestras del cine de los 40, 50 y 60. Por último, les diré que "Have you ever seen the rain", de Creedence Clearwater Revival, sonará el día de mi boda, por lo civil, espero.
Al final, va a resultar que tiene razón mi madre, y que Ustedes, los Reyes Magos, siempre aciertan con los regalos que traen cada 6 de Enero.
En primer lugar, pedir perdón por escribirles después de tanto tiempo, pues por todos es conocido que soy un republicano de chúpame dómine. Sin embargo, entenderán que su Monarquía va más allá de todo lo político o lo apolítico, afortunadamente para ustedes. Es más, creo poder decir que, aun estando más cerca de la zurda de lo que estarán muchos en toda su vida, a ustedes tres les respeto por encima del resto de las Monarquías del Mundo. Al menos Sus Majestades tienen trabajo que hacer, aunque sea sólo unos días al año. Ustedes se ganan su sueldo, si señor, el que sea, y eso, en su gremio, es digno de mención. Pero vayamos al grano.
Les escribo hoy porque he visto a mi primo pequeño, que cuenta 5 años, hacerlo. El pobre estaba todo entusiasmado porque iba a pedir una PlayStation 3, de esas que ahora se venden como churros, y que a Ustedes les tendrá que costar un pastón como a todo hijo de vecino. Quería no se qué juego de carreras, no se qué juego de tenis y no se qué leches de baile que no he llegado a entender bien del todo. Sus padres, con mucha mano izquierda (ya ven Sus Majestades que en mi familia, el izquierdo es el lado predominante), le estaban explicando a mi pobre primo que no fuera a ser demasiado desconsiderado pidiendo cosas, que ya se sabe que estamos en crisis y a Ustedes, a los Reyes Magos, les costaba también un ojo de la cara todos esos regalos para todos los niños del mundo. Y es que la crisis ha llegado a tal extremo que hasta Ustedes y Papá Noel seguro que se han visto afectados. Ahora, me parece muy curioso que, viniendo del Lejano Oriente, también se hayan visto afectados por la lamentable gestión de este nuestro gobierno socialista, como dicen los "Peperos". No, si al final vamos a tener un presidente internacional y todo, y eso que no sabe ni inglés! Ya me veo al señor Rajoy, ese hombrecillo que arde en deseos de ser Presidente del Gobierno para hacerlo aún peor de lo que lo está haciendo el la oposición, pidiendo explicaciones a Zapatero porque Ustedes y Papá Noel no se hayan jubilado ya, a sus dos mil y pico de años, que le parece una verguenza como se trata a la tercera edad y que bla, bla, bla... Bueno, ya me entienden.
Les tengo que ser totalmente sincero. Yo esto de los Reyes Magos, como que no lo veo. En realidad, no es porque me haya hecho mayor ni nada de eso, ya lo que lo llevo sin ver desde hace mucho tiempo. Miren, cuando yo tenía la edad de mi primo, incluso algunos años más, les escribía todos los años en tiempo y forma. Mis cartas eran, perdónenme la expresión, absolutamente cojonudas. Si hay una cosa de la que puedo presumir es de haber cometido muy pocas faltas de ortografía desde edad bien temprana. Esas cartas, Majestades, tenían encabezamiento, nudo y desenlace, por decirlo de alguna manera. Eran poco menos que fantásticas, o al menos para mí, lector absolutamente neutral, lo eran. El problema, muy señores míos, provenía de que ustedes no sabían leer. Me explico.
Cuando yo les escribía, allá por el Mesozoico, mis cartas eran claras y concisas. En 1993, con 6 años, por ponerles un ejemplo, les pedí a Ustedes tres cosas, a saber; una bicicleta, una Sega Mega Drive y un balón de fútbol Cuestra, que iba a ser el balón del Mundial de Fútbol de 1994. Puedo entender que las tres cosas hubieran sido excesivas, pero al fin y al cabo, el balón no pesaba tanto como para traerlo en la alforja, creo yo. Ustedes, como creo que no habían leído bien mi carta, me trajeron un jersey, dos pantalones de chándal, unas rodilleras (estoy seguro de que mi madre les escribió para decirselo) y libros, muchos libros. Eran libros con dibujos, de esos que llamamos cómics, pero...eran libros al fin y al cabo! Qué poca consideración por su parte.
Así pues, unos años eran unos comics de pasta amarilla que eran de un tal Tintín, un pelirrojo con cresta que, ahora que somos todos mayorcitos, yo creo que perdía un poco de aceite. Otros años venían Astérix y Obélix, que no estaban mal, pero que para mí estaban un poco anticuados, mira que luchar con espadas de madera y cazar jabalíes con las manos a estas alturas...Y otros años venían dos españoles, Mortadelo y Filemón, que bueno, qué quieren que les diga, tampoco estaban mal, pero tenían una vida un poco rara para ser detectives, creo yo...
Cuando fui creciendo, los cómics pasaron a mejor vida, pero los libros seguían entrando en mi casa como Bonilla hace churros en Navidad, a cascoporro. Estos eran más grandes, todo letras pequeñas. Ni consolas ni leche frita, en mi casa lo más tecnológico que había era el termómetro para medir la fiebre.
Así pues, no me quedó más remedio que, para matar el aburrimiento, hacer un poco de caso a mi madre y comenzar a leer todos aquellos plomos. Primero estaban los suramericanos, esos que para describir una piedra estaban tres páginas y media; García Márquez, Vargas Llosa, Luís Sepúlveda, Jorge Luís Borges, Julio Cortázar... También estaban los norteamericanos, los que mi padre llamaba siempre la "Generación Beat", supongo que porque les gustaban los Beatles, o yo que sé por qué. Gente como Faulkner, Dos Passos, Capote, Steinbeck, y uno que venía mucho a los San Fermines, un tal Hemingway. Andaban por ahí también los famosos "Clásicos", esos que mi madre se emperraba en dejarme siempre en la mesilla de noche cada vez que me iba a la cama. Que si Homero y su Odísea y su Ilíada, Virgilio y su Eneida, el dichoso Quijote, los de Shakespeare, todos y cada uno, incluso los más pesados, como La Celestina, el Conde Lucanor o El Libro del Buen Amor, estaban todo el año pululando por ahí. Y claro, no me quedaba más remedio que leerlos, a ver si mis padres se enfadaban y me dejaban sin paga, vete tú a saber.
Cuando fui creciendo, además de libros, a mi casa llegaban dos tipos de cosas; música y cine. Efectivamente, en esas dos cosas no había consolas, ordenadores o tamagochis. Si es cierto que mis padres me regalaban por mi cumpleaños un balón o una raqueta, que yo por aquel entonces le daba mucho al tenis, saben Ustedes, pero nunca, y digo nunca, cayó por Reyes algo que me convenciera del todo.
Pero bueno, cuando veía los CD's, pues me decía, "bueno, al menos algo bueno para escuchar". Ni eso. A mis padres no les sonaban los Backstreet Boys ni Aqua, así que en casa había mucha música, pero toda era un coñazo. Mira que no conocer a los Backstreet Boys...
Mis padres hablaban sin embargo de Aute, Serrat, Sabina, Nino Bravo, Bob Dylan, Springsteen, Elvis Presley, Frank Sinatra, Freddy Mercury, el Jazz, los 60, los 70... Yo, por mi parte, no podía por menos que alucinar.
Para que Ustedes vean como eran aquellos días, un día me hicieron callar cuando entré en el salón porque en la minicadena estaba sonando un grupo que les encantaba. No me dejaron hablar hasta que terminó la dichosa canción, que por supuesto no conocía absolutamente nadie. Por si tienen curiosidad, los que cantaban se hacían llamar "Creedence Clearwater Revival" y tocaban algo como "Have you ever seen the rain" o algo así. Menudo nombre más estúpido para el grupo, yo también lo he pensado, no se crean. Pero en fín, a ellos les encantaba, nada podía hacer yo.
Y luego estaba el cine, ese que mi padre adoraba. No se podía ver Aladdin, como todo hijo de vecino. En mi casa se veía cine italiano, francés, español, americano en blanco y negro...pero nunca cine de dibujos, con lo que a mi me gustaba. Total, que acabé acostumbrándome a ver películas de gente que ni me sonaba, como John Ford, John Houston, Billy Wilder, Elia Kazan, Pasolini, Fellini, Rohmer, Berlanga, Bardem y un sinfín de gente que nadie conoce. Actores, pues imagínese, más de lo mismo. Había dos de ellos, eso sí, que me encantaban. Se llamaban Montgomery Clift y Paul Newman. Imagínense lo viejos que eran los dos que ya han fallecido.
En fín, que como pueden ver, no tuve lo que solemos decir una infancia muy "normal". Por eso les escribo hoy, para pedirles por favor que le regalen a mi primo esa PlayStation3 de las narices, que el pequeño se la merece, que se ha portado muy bien, y que aunque estemos en crisis siempre es bonito ver como los sueños de los más chicos se cumplen el día 6 de Enero. Solo si puede ser, claro está, Ustedes son los Reyes, faltaría más.
P.D.: Espero que no les haya molestado mi tono de acritud durante toda la misiva. En el fondo, creo que me alegro de que todo lo que les he contado me haya pasado a mí. Adoro Tintín, Astérix, Obélix, Mortadelo, Filemón y otros tantos personajes de cómic. Adoro a los sudamericanos, a la "Generación Beat" y a los Clásicos. Me encanta la música de los 60 y los 70, y continuo revisando las obras maestras del cine de los 40, 50 y 60. Por último, les diré que "Have you ever seen the rain", de Creedence Clearwater Revival, sonará el día de mi boda, por lo civil, espero.
Al final, va a resultar que tiene razón mi madre, y que Ustedes, los Reyes Magos, siempre aciertan con los regalos que traen cada 6 de Enero.
1 comentario:
muy grande tu carta a los reyes capitan.-
Publicar un comentario