domingo, 30 de noviembre de 2008

Los sueños locos...

- Precisamente porque no te pareces a ninguna de las mujeres que he conocido, hubiese querido encontrarte siempre, en cualquier lugar.

- No iré contigo, Corto Maltes.


- Lo sé.












¿Alguien me puede decir que se parecen, por favor? ¿ Por qué sino me estoy volviendo loco soñando con las dos a la vez? ¿ Es ella Pandora Grovesnoore, o sólo un recuerdo enquistado en mis alucinaciones? Qué desastre, Dios mío, qué bendito desastre.
Alguien dijo una vez que todos los sueños son locos. Si no, no merece la pena vivirlos. Sé perfectamente que éste sueño es enormemente loco. Lo que no sé es si quiero vivirlo.

martes, 11 de noviembre de 2008

El árbitro: Ese eterno castigado


Señoras y caballeros, nos disponemos a hablar hoy del colectivo más odiado por padres, entrenadores, jugadores y afición que existe en cualquier deporte. No hay nada más unánime en el mundo del baloncesto, que es el que conozco, que esta frase: "Los árbitros son muy malos". Teniendo respeto por esa afirmación, no estoy para nada de acuerdo. Como en todo gremio, existe gente mala, gente regular y gente buena. Y en el caso de los árbitros, pasa lo mismo. Sin embargo, y que sirva de excepción en todo caso, hoy me dispongo a hablar de los árbitros, pero no es mi estilo en ningún caso hablar en sitios como este de ellos. Sí con amigos, sí con jugadores y entrenadores, pero no en foros ni en blogs como este. Además de todo esto, no me considero un entrenador que se lleve mal con los árbitros. Creo que me sobrarían dedos de una mano para contar mis técnicas como entrenador. Como jugador, no lo niego, no fui el más deportivo de todos, y eso que durante años fui capitán del equipo ( de ahi lo de Capi, para los más estupiditos...), pero como entrenador siempre he sabido comportarme. Nunca me han echado de un campo de baloncesto, entre otras cosas porque creo que el entrenador es un ejemplo a seguir por los niños, así que no puedes discutir acaloradamente con el árbitro ni mucho menos insultarle como hacen otros. De esto que hablo pueden dar fe bastantes árbitros en este ciudad.




Y ahora sí, vamos a hablar de los árbitros. El árbitro, por naturaleza, siempre va a estar discutido. Es, sin duda, la persona que más dificil lo tiene en un campo de baloncesto. Partiendo de esta base, existen muchos tipos de árbitros. En primer lugar está el árbitro" el reglamento por encima de todo". Para este árbitro todo funciona como un robot; las fichas en su justo momento, no pita 3 y 1 minuto ni un segundo más tarde (ni más temprano) de lo habitual, la falta se marca a tantos metros de la mesa, el uso ilegal de manos es una violación del reglamento que bla, bla, bla... hasta ahí todo perfecto. No hay nadie que pueda ser criticado cuando utiliza el reglamento. Ahora bien, en todo partido existen situaciones que no puede resolver el reglamento, digamos, "lagunas legales", por utilizar un término jurídico. El árbitro que tiene sentido común lo resuelve en un momento. Sin embargo, el árbitro que por encima de todo lee el reglamento antes de escuchar a su conciencia es el que lo hace mal. Gente como Miguel Gómez o Fernando Vázquez son del tipo de árbitros con sentido común, es decir, personas normales que en el campo son como son fuera de él. Y eso, señores, es de agradecer.

Luego está el árbitro "Zapatero". El árbitro "Zapatero" es el que sostiene el diálogo por encima de todo. Diálogo con jugadores, y sobre todo con entrenadores. Si un entrenador está presionando a un árbitro, cosa normal en los tiempos que corren, el árbitro dialogante se acerca y le avisa: "Mira, relájate un poco que a la próxima sino marco la técnica". El entrenador decide entonces si seguir o no con la protesta, y es muy posible que al final el árbitro acabe pitándole la técnica. Sin embargo, esa técnica nunca estará mal pitada. En el otro lado está el árbitro" látigo". Este tipo de árbitro no sabe hablar dentro de un campo de baloncesto. Se limita a balbucear una serie de tonterías, y corta con técnicas, antideportivas o incluso descalificantes las protestas o simples comentarios del entrenador o del jugador. He tenido la suerte de convivir con algunos de ellos y curiosamente, esta gente es tan normal como yo fuera del campo. Algunos son hasta agradables, oye. Pero no, en el campo se transforman. Y eso es una lástima.


Por último, está el entrenador " gomina de Scariolo". El traje le queda cojonudo, se ha peinado correctamente, calienta todos los músculos de una manera increíble, tiene una técnica arbitral que da gusto verla... y es el absoluto protagonista del partido. Va tan estirado que el aire no le llega al cerebro. Si le dices algo, te mira mal cuando no te pita una técnica. Antes del partido, aunque lo conozcas, no te saluda para nada. Después del partido, aunque lo sigues conociendo, tampoco lo hace. Pero no sólo no lo hace con entrenadores o jugadores, también con aficionados que esperan a la salida a sus amigos. El árbitro "Scariolo" pasa de largo como diciendo " mi verdad es la que vale, no quiero oir opiniones de nadie más que de mis coleguitas los árbitros". Suerte tienes si no te la ha montado en el campo porque hace muchos años le liaste una tú. Si algo he aprendido en mi vida es que de todo el mundo se aprende algo, y yo he conocido árbitros que me han dado su opinión, como yo les he dado la mía, y cuando hemos entrado al campo hemos vuelto a ser árbitro y entrenador.


Todo árbitro tiene o ha tenido sus errores, voluntarios o no. Miguel Gómez, por ejemplo, me permitió llegar 45 minutos tarde (y borracho perdido, por cierto), a una final provincial juvenil cuando me la tenía que haber dado claramente por perdida. Son innumerables las veces que nos ha pitado "ligeramente" a favor, recordando sin duda la histórica remontada contra Toreno (conocida por todos). Fernando Vázquez me permitió el año pasado dirigir una final benjamín sin trípico, ficha ni leches, e incluso se atrevió a pitarle una técnica a la entrenadora contraria, cuando sabía perfectamente que yo no podía estar allí. También permitió cerrar el acta de un partido en el tercer cuarto para que Javi Cooper pudiera llegar a tiempo. Rafa Moneo llegó incluso más lejos. Pitó una falta en contra nuestra, dos tiros libres. Óscar se dio cuenta de que el jugador que los iba a tirar no era el receptor de la falta. Se lo dijo a Rafa, pero éste le hizo callar. Cuando tiró el primer tiro libre, Rafa pitó una técnica al jugador. Cuando le preguntó por qué le dijo: " Tú no eres el que tienes que tirar". El gran Pepe San Agustín nos echó una "manita" cuando nos jugábamos el pase al intersector contra Colegio Leonés. David Cruz "me remontó" un partido que tenía perdido, con 8 abajo a falta de minuto y medio, para después guiñarme el ojo sin que nadie se diera cuenta. Pablito me permite absolutamente todo lo que yo quiera en un campo, mientras no sea muy descarado. Roberto Merchán sabe como pitar a entrenadores como nosotros. No es casero, pero tampoco injusto.


A los demás, decirles que no hace falta que piten como los que he descrito arriba. Eso son arbitrajes caseros. Yo pido árbitrajes normales, imparciales, pero con sentido común. Nada más. Que si se equivocan lo reconozcan, como hacemos nosotros. Y que si aciertan, yo seré el primero que les felicite. Que aprendan de gente que sabe menos que ellos, pero que pita mejor. No será la primera vez que un árbitro me oye decir " estoy bien expulsado, tienes toda la razón".


Un saludo.


P.D: Espero que Mariano no tenga en cuenta los "fallitos" de sus árbitros, a fin de cuentas pasó hace muchos años, jejejeje. Un abrazo, colegiados!

sábado, 1 de noviembre de 2008

C.B: Tormes: Capítulo 3: Óscar Núñez

El blog llega a uno de sus puntos culminantes. Pocas veces tendremos la oportunidad de oir una crónica objetiva de Óscar Nuñez por parte de un servidor. Pero sí, esta es una de ellas. Por supuesto, habrá cosas con las que la gente no estará de acuerdo, porque son, básicamente, opiniones personales, siempre deportivas, como en el caso de Borja o Richi. No entraré a valorar al Óscar persona, porque ya he dicho que esto es una crónica de baloncesto. Sólo diré que, como todo el mundo, Óscar tiene apoyos y detractores. Pero, al contrario de lo que mucha gente piensa, yo no soy uno de los últimos. No voy a negar que hemos tenido nuestras diferencias, pero todas quedaron eliminadas cuando yo dejé de ser su jugador. A veces, la gente piensa demasiado, y eso es lo que ha pasado en este caso. Por poner un ejemplo, Óscar, junto con Elena, fueron las dos personas que me dieron la oportunidad de entrenar mi primer equipo. Y eso, para alguien al que le gusta entrenar como a mi, es digno de mención y de eterno agradecimiento. Y ahí vamos.


Conocí a Óscar Núñez cuando tenía 12 o 13 años. Formaba parte del equipo infantil del Santa Marta, el primer año que se formó el club, allá por el año 1999, siempre hablando de cantera. Es curioso que me acuerde como si fuera ayer, con lo lejos que queda ya. Nuestro equipo era básicamente una selección, lo mejor de salamanca, salvando 2 o 3 casos ( aquel año salvo Juancar y Dani López, los dos en ADES, no había nadie que cupiera en nuestro equipo). En la final de la liga nos enfrentamos a una doble vuelta contra Padre Manjón. En aquel equipo jugaba gente conocida para los aficionados al club, como Billy, Coque, Victor José (que fue entrenador del Manjón), Muri y algunos jugadores más que luego acabarían jugando en el club. No tenían para nada mal equipo, pero nosotros, sin pecar de soberbia, éramos muy superiores. A aquel equipo lo entrenaba Óscar Núñez. La final no tuvo color, en ninguno de los dos partidos. sin embargo, campeón y subcampeón iban al sector, que aquel año se celebraba en León. Los dos equipos compartimos hostal (el mítico "Orejas", qué recuerdos), y aunque a ellos se los merendaron en la primera fase, cuando nosotros jugamos el tercer partido de grupo contra Fórum y la posterior final con Colegio Leonés, no dejaron de animarnos ni un sólo minuto. Eso, señores, es compañerismo, y no lo que veo ahora entre clubes o colegios de Salamanca. Pasara lo que pasara en el campo, los dos equipos comíamos juntos, hacíamos el cabra en las habitaciones juntos, en fín, que aquel sector parecíamos un sólo equipo.


Al año siguiente, Óscar accedió a la dirección deportiva del club, en sustitución de Fernando García. En ese momento ya era entrenador, jugador, director deportivo e hijo del vicepresidente y posterior presidente del club, su padre, Javier. Básicamente, lo era absolutamente todo en el club, para bien o para mal. Todo pasaba por él (y así ha seguido siendo hasta que este año se formó una nueva directiva y llegó Fernando Merchante).
Y ahora, a lo puramente baloncestístico. En mi opinión, existen dos grandes tipos de entrenadores bien diferenciados en este bendito deporte. Utilizando un símil de marketing ( que le gustaría leer a mi profesor de la facultad, Miguel Ángel Prado), podemos hablar del entrenador cualitativo y el entrenador cuantitativo. El primero de ellos, el cualitativo, orienta todo su trabajo al proceso; da mucho énfasis a la técnica individual, utiliza buenos métodos de enseñanza, no escatima tiempo en que sus jugadores aprendan las cosas, explica todos los porqués de cada ejercicio y, sobre todo, tiene el resultado, al menos a corto plazo, como algo secundario. En este espectro de entrenadores se encuentra, por poner un ejemplo de entrenador del club, alguien tan importante como Fernando Merchante.
Luego está el entrenador cuantitativo. Éste tipo de entrenador orienta absolutamente todo su trabajo al resutado. Le importa poco o muy poco lo que piense el jugador de lo que está haciendo, normalmente no suele explicar por qué se hace un ejercicio y no otro, pone en un segundo plano la importancia de la técnica individual y le da una importancia capital al trabajo físico y táctico de sus jugadores. Una de las peores cosas que se pueden ver en los patios de colegio de esta ciudad, y creedme cuando digo que los he visto todos, es ver a un equipo de cantera, benjamín o alevín, saber cómo colocarse para una jugada de fondo o de banda antes de aprender a botar con la mano izquierda. Intento ser un entrenador que dé un 95% de importancia a la técnica individual en este tipo de categorías. Por poner un ejemplo, el año pasado, entrenando a un equipo alevín femenino, un colegio de la ciudad me ganó el segundo partido de liga. No miento cuando digo que ese equipo tenía 6 o 7 jugadas de ataque. Evidentemente, no sabían ni cómo botar, pero los bloqueos y los cortes les valieron para ganarme. Mi equipo era casi entero de primer año, con jugadoras muy verdes aún. En la segunda vuelta de la liga, ese partido lo ganamos nosotros, y además de 40. En el momento en el que existía un bloqueo o una defensa fuerte, mis jugadoras plantaban uno o dos cambios de ritmo y dirección y se iban con suma facilidad de alguien que, obviamente, clavaba los bloqueos pero no sabía ni botar. Al primero que le oí decir algo parecido fue a Fernando Merchante, y que conste que no es peloteo, que Fernando tiene, como todos, sus cosas malas y comete errores como todo el mundo. El entrenador cuantitativo por excelencia que conozco es Óscar Nuñez. Y eso no quiere decir que no sepa entrenar la técnica individual, que lo sabe y de sobra, sino que no le da toda la importancia que yo creo que tiene. Alguien me dijo una vez que a partir de cadetes se debe olvidar la técnica individual para centrarse en otros trabajos, de tipo táctico. No digo que, si tu jugador ya tiene un dominio técnico aceptable del juego, sepa dominar su cuerpo y físicamente esté en un buen tono, pases a otro nivel. Pero no se puede aprender a multiplicar sin antes haber aprendido a sumar y a restar, eso es lo que hay que tener claro.
Finalmente, hago lo que hice cuando examinamos a Borja, hablar de los 4 aspectos a entrenar en un jugador. Técnicamente, ya lo hemos dicho, Óscar se sobra para trabajar, otra cosa es que no quiera hacerlo. Tácticamente, como en el caso de Borja, ha aprendido de su etapa como jugador y entrenador, y eso es un valor seguro en este caso, porque Óscar es como jugador extremadamente inteligente. Físicamente es un entrenador muy exigente. Le gusta que sus jugadores estén a tope, y eso me parece muy correcto. Psicológicamente, es un entrenador, como yo los llamo, " mister látigo" (el apodo viene de un entrenador de fútbol alemán que entrenó al Atlético de Madrid en los 70, Max Merkel creo que se llamaba). Tiene el palo en una mano para proyectarlo sobre sus jugadores. No permite un error, y los castiga con trabajo físico siempre ( ya sean unos "ochos" o unas "líneas"). Habitualmente utiliza ese vozarrón que tiene para amedrentar o echar una bronca. En su defensa, decir que el jugador que le responde siempre tiene su recompensa en forma de minutos, sin excepción, y eso es digno de mención.
Y ya está, no hay nada más. Del Óscar persona ya dije que no iba a hablar, así que los que esperabais una crítica voraz por mi parte os vais a tener que aguantar, porque no todo lo que se dice es cierto. Solamente una cosa más: En el hipotético caso de que yo fuera director técnico de un club, y me preguntaran si querría a Óscar de entrenador, la respuesta sería un rotundo "no". No porque sea mal entrenador, que no lo es ni mucho menos, sino porque no comparte mi filosofía del baloncesto. Somos diametralmente opuestos, y no quiere decir que lo mío sea mejor, nunca he dicho eso. Simplemente, somos diferentes. Sin embargo, hay algo que los entrenadores jóvenes e inexpertos tienen que tener presente. De todo el mundo se aprende algo, malo y bueno. De lo que se trata es de asimilar las cosas buenas y desechar las malas. Esto se debe hacer desde un entrenador desconocido hasta con Aíto García Reneses. Y yo de Óscar he aprendido muchas cosas, tenedlo por seguro. Un saludo.