La tarde era idónea en la madrileña Plaza de Las Ventas, una de las catedrales de "La fiesta". Se acercaban las 5 de la tarde, la hora señalada para el comienzo de la corrida, y la expectación sólo iba ir en aumento en las gradas del coso. La corrida de la beneficiencia siempre había sido una de las más importantes de la fantástica y emblemática Feria de San Isidro. El tiempo apremiaba. En las entrañas del santuario madrileño, los matadores comenzaban su mítico ritual. Quizá fuera hoy la corrida de toros más importante de la Historia de España, por los tres toreros que la componían. En un principio, iba a ser un mano a mano, pero al final el tercer "maestro" se unió a la fiesta.
En capilla, posiblemente tres leyendas de las plazas. De aspecto siempre juvenil, y asediado constantemente por la nube de periodistas del corazón, se encontraba "Avispado", quizá el torero más en forma de todos. Su matrimonio con "Agradecida", que fue interpretado por todos como una boda preparada por los padres de ambos, fue exclusiva mundial en revistas tan importantes de la prensa rosa como "Adiós", "10 segundos" o " Qué me cuentas". Fue un pelotazo en toda regla, pero a partir de ahí la prensa convirtió su matrimonio en un acoso terrible, llegando Islero incluso a agredir a un cámara un día a la salida de su casa. El segundo "maestro" en saltar al ruedo sería el más sereno de todos, quizá por su templanza y experiencia en estas lides. "Islero" era el torero de más clase que había existido en este país en décadas, según las revistas especializadas. Auspiciado por el Gobierno del Régimen, el gran "Islero" sería, ya sin dudarlo, uno de los toreros más importantes de la Historia de España. Y el tercero en discordia, aquel que se apuntó a última hora a participar en esta tarde gloriosa, era "Belador", el torero más veterano de los tres, y por ende el más castigado físicamente. Aún así, el público esperaba que el gran "Belador" diera, como siempre, un enorme espectáculo.
El cartel era todo un lujo. El ambiente, inmejorable. El público estaba enfervorecido y no podía esperar más. Los toros iban a ser presentados.
De unos 70 kilos de peso, moreno de piel, tímido y con cierto empaque pese a su apariencia delicada, se presentaba el primer toro de la tarde, de nombre "Manolete". "Islero" lo fue acometiendo poco a poco. Sus lances de izquierdas levantaron los primeros "oés" del público allí presente. La faena estaba yendo de menos a mucho más. Antes del último cambio de tercio, la ovación que Las Ventas le estaba brindando era increíble. "Islero" cambió la muleta a la derecha y se dispuso a darle la última vuelta a su toro, un ejemplar bravísimo y con mucha clase. En el tercer lance, "Manolete" enganchó a "Islero". La plaza enmudeció. La cogida había sido sobrecogedora. El toro lo zarandeó y lo arrastró por el suelo durante 4 interminables segundos. La cuadrilla de "Islero" entró en acción y cogió al torero. El matador acabó en la enfermería, y pocos minutos después se confirmaba su fallecimiento debido a las lesiones producidas por la cornada, de una sola trayectoria y sin orificio de salida. Acababa de morir un mito del toreo.
Un poco más pesado que "Manolete" pero algo más bragado, aparecía en el coso madrileño el segundo de la tarde, de nombre "Paquirri", de la ganadería andaluza más importante. "Avispado" comenzó con unos bonitos lances de izquierdas, verónicas casi sin importancia y chicuelinas de gran clase y elegancia. Se le veía agusto. El torero iba desgastando poco a poco al toro. Los banderilleros hicieron su trabajo a la perfección. "Paquirri" sangraba abundantemente por el lomo, y jadeaba mientras miraba como su verdugo, dado la vuelta y saludando, era ovacionado por el respetable a cada lance de la lidia. Sin embargo, "Paquirri" debió pensar que la corrida no había acabado aún. En un quite muy justo, "Avispado" fue cogido. El matador fue zarandeado, igual que unos minutos antes lo había sido "Islero". Mismas caras en el público. Mismo silencio sepulcral. En la enfermería de la Plaza, el médico presente, con poca experiencia, tiembla de miedo. Con una serenidad abrumadora el bravo "Avispado" le habla. " No se preocupe Doctor, corte por donde tenga que cortar, la cornada tiene dos trayectorias". La imagen, captada por las cámaras de TVE, es una de los momentos icónicos de la Historia del Toreo español. A las 12 de la noche, "Avispado" no consigue superar los dolores y el desangre y muere. Su viuda le llorará eternamente, y dos de sus hijos serán toreros en su honor.
"Belador" saltó al ruedo con el miedo en el cuerpo después de ver lo sucedido a sus dos colegas con anterioridad. Pero él era un torero de raza, de casta, y no podía dar síntomas de temer nada.
El toro salía por la puerta de toriles. De nombre "Ortega Cano", finito, elegante, con rostro adusto y forma envidiable.
La faena no pudo ir mejor. El toro era bravísimo y de una clase superlativa. "Belador" estaba haciendo una de las faenas de su vida, sino la faena. Y era gracias al toro que le había tocado en el lote. Llegaba la hora de terminar con aquel fantástico momento de inspiración. La plaza de toros de las Ventas se caía literalmente. Antes de entrar a matar, ya habían aparecido algunos pañuelos blancos pidiendo trofeos para el monumental matador. Cambio de tercio. "Belador" se disponía a terminar la faena con una estocada sublime.
Sin embargo, antes de entrar a matar, "Belador" tuvo un pensamiento. Lo había estado teniendo en cuenta durante los últimos meses cada vez que pisaba una plaza. No entendía porque "Ortega Cano" tenía que morir para que él completara su faena. La faena ya era de por sí la mejor que había realizado. Y pensó, cuánta injusticia, este pobre animal no puede terminar así. Se dirigió al Presidente de la Plaza, y en un gesto serio, comenzó un discurso que quedaría grabado en las retinas de todos los grandes aficionados.
"Señor Presidente, distinguidas autoridades, Majestad. LLevo días pensando en alguna razón lógica y coherente para matar a este pobre animal de nombre Ortega Cano, y no encuentro ninguna. Nosotros, los toros, somos los seres más importantes en la faz de la Tierra gracias a lo que nos diferencia del resto de las especies; nuestra capacidad de razonamiento. Estos pobres humanos siempre han estado a merced nuestra, principalmente debido a que son una raza claramente inferior. Sin embargo, considero que no tenemos ningún derecho a privar a los humanos de una vida en libertad, sin tener que traerlos aquí a morir, para mayor deleite del público aquí presente. Nosotros no somos animales, señor Presidente, nosotros somos Toros. Y lo que principalmente nos diferencia de todos los demás animales, o lo que en realidad nos debería diferenciar, es nuestra civilidad. Yo, por mi parte, voy a indultar a este magnifico humano que nos ha dado esta tarde de gloria. Ustedes, por su parte, deberían hacer lo mismo. Muchas gracias, señor Presidente".
Y así fue como se prohibieron las Corridas de humanos en España. Así fue como los humanos vivieron en libertad para el resto de sus días, sin tener ningún toro que les molestara.
En capilla, posiblemente tres leyendas de las plazas. De aspecto siempre juvenil, y asediado constantemente por la nube de periodistas del corazón, se encontraba "Avispado", quizá el torero más en forma de todos. Su matrimonio con "Agradecida", que fue interpretado por todos como una boda preparada por los padres de ambos, fue exclusiva mundial en revistas tan importantes de la prensa rosa como "Adiós", "10 segundos" o " Qué me cuentas". Fue un pelotazo en toda regla, pero a partir de ahí la prensa convirtió su matrimonio en un acoso terrible, llegando Islero incluso a agredir a un cámara un día a la salida de su casa. El segundo "maestro" en saltar al ruedo sería el más sereno de todos, quizá por su templanza y experiencia en estas lides. "Islero" era el torero de más clase que había existido en este país en décadas, según las revistas especializadas. Auspiciado por el Gobierno del Régimen, el gran "Islero" sería, ya sin dudarlo, uno de los toreros más importantes de la Historia de España. Y el tercero en discordia, aquel que se apuntó a última hora a participar en esta tarde gloriosa, era "Belador", el torero más veterano de los tres, y por ende el más castigado físicamente. Aún así, el público esperaba que el gran "Belador" diera, como siempre, un enorme espectáculo.
El cartel era todo un lujo. El ambiente, inmejorable. El público estaba enfervorecido y no podía esperar más. Los toros iban a ser presentados.
De unos 70 kilos de peso, moreno de piel, tímido y con cierto empaque pese a su apariencia delicada, se presentaba el primer toro de la tarde, de nombre "Manolete". "Islero" lo fue acometiendo poco a poco. Sus lances de izquierdas levantaron los primeros "oés" del público allí presente. La faena estaba yendo de menos a mucho más. Antes del último cambio de tercio, la ovación que Las Ventas le estaba brindando era increíble. "Islero" cambió la muleta a la derecha y se dispuso a darle la última vuelta a su toro, un ejemplar bravísimo y con mucha clase. En el tercer lance, "Manolete" enganchó a "Islero". La plaza enmudeció. La cogida había sido sobrecogedora. El toro lo zarandeó y lo arrastró por el suelo durante 4 interminables segundos. La cuadrilla de "Islero" entró en acción y cogió al torero. El matador acabó en la enfermería, y pocos minutos después se confirmaba su fallecimiento debido a las lesiones producidas por la cornada, de una sola trayectoria y sin orificio de salida. Acababa de morir un mito del toreo.
Un poco más pesado que "Manolete" pero algo más bragado, aparecía en el coso madrileño el segundo de la tarde, de nombre "Paquirri", de la ganadería andaluza más importante. "Avispado" comenzó con unos bonitos lances de izquierdas, verónicas casi sin importancia y chicuelinas de gran clase y elegancia. Se le veía agusto. El torero iba desgastando poco a poco al toro. Los banderilleros hicieron su trabajo a la perfección. "Paquirri" sangraba abundantemente por el lomo, y jadeaba mientras miraba como su verdugo, dado la vuelta y saludando, era ovacionado por el respetable a cada lance de la lidia. Sin embargo, "Paquirri" debió pensar que la corrida no había acabado aún. En un quite muy justo, "Avispado" fue cogido. El matador fue zarandeado, igual que unos minutos antes lo había sido "Islero". Mismas caras en el público. Mismo silencio sepulcral. En la enfermería de la Plaza, el médico presente, con poca experiencia, tiembla de miedo. Con una serenidad abrumadora el bravo "Avispado" le habla. " No se preocupe Doctor, corte por donde tenga que cortar, la cornada tiene dos trayectorias". La imagen, captada por las cámaras de TVE, es una de los momentos icónicos de la Historia del Toreo español. A las 12 de la noche, "Avispado" no consigue superar los dolores y el desangre y muere. Su viuda le llorará eternamente, y dos de sus hijos serán toreros en su honor.
"Belador" saltó al ruedo con el miedo en el cuerpo después de ver lo sucedido a sus dos colegas con anterioridad. Pero él era un torero de raza, de casta, y no podía dar síntomas de temer nada.
El toro salía por la puerta de toriles. De nombre "Ortega Cano", finito, elegante, con rostro adusto y forma envidiable.
La faena no pudo ir mejor. El toro era bravísimo y de una clase superlativa. "Belador" estaba haciendo una de las faenas de su vida, sino la faena. Y era gracias al toro que le había tocado en el lote. Llegaba la hora de terminar con aquel fantástico momento de inspiración. La plaza de toros de las Ventas se caía literalmente. Antes de entrar a matar, ya habían aparecido algunos pañuelos blancos pidiendo trofeos para el monumental matador. Cambio de tercio. "Belador" se disponía a terminar la faena con una estocada sublime.
Sin embargo, antes de entrar a matar, "Belador" tuvo un pensamiento. Lo había estado teniendo en cuenta durante los últimos meses cada vez que pisaba una plaza. No entendía porque "Ortega Cano" tenía que morir para que él completara su faena. La faena ya era de por sí la mejor que había realizado. Y pensó, cuánta injusticia, este pobre animal no puede terminar así. Se dirigió al Presidente de la Plaza, y en un gesto serio, comenzó un discurso que quedaría grabado en las retinas de todos los grandes aficionados.
"Señor Presidente, distinguidas autoridades, Majestad. LLevo días pensando en alguna razón lógica y coherente para matar a este pobre animal de nombre Ortega Cano, y no encuentro ninguna. Nosotros, los toros, somos los seres más importantes en la faz de la Tierra gracias a lo que nos diferencia del resto de las especies; nuestra capacidad de razonamiento. Estos pobres humanos siempre han estado a merced nuestra, principalmente debido a que son una raza claramente inferior. Sin embargo, considero que no tenemos ningún derecho a privar a los humanos de una vida en libertad, sin tener que traerlos aquí a morir, para mayor deleite del público aquí presente. Nosotros no somos animales, señor Presidente, nosotros somos Toros. Y lo que principalmente nos diferencia de todos los demás animales, o lo que en realidad nos debería diferenciar, es nuestra civilidad. Yo, por mi parte, voy a indultar a este magnifico humano que nos ha dado esta tarde de gloria. Ustedes, por su parte, deberían hacer lo mismo. Muchas gracias, señor Presidente".
Y así fue como se prohibieron las Corridas de humanos en España. Así fue como los humanos vivieron en libertad para el resto de sus días, sin tener ningún toro que les molestara.
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