martes, 11 de noviembre de 2008

El árbitro: Ese eterno castigado


Señoras y caballeros, nos disponemos a hablar hoy del colectivo más odiado por padres, entrenadores, jugadores y afición que existe en cualquier deporte. No hay nada más unánime en el mundo del baloncesto, que es el que conozco, que esta frase: "Los árbitros son muy malos". Teniendo respeto por esa afirmación, no estoy para nada de acuerdo. Como en todo gremio, existe gente mala, gente regular y gente buena. Y en el caso de los árbitros, pasa lo mismo. Sin embargo, y que sirva de excepción en todo caso, hoy me dispongo a hablar de los árbitros, pero no es mi estilo en ningún caso hablar en sitios como este de ellos. Sí con amigos, sí con jugadores y entrenadores, pero no en foros ni en blogs como este. Además de todo esto, no me considero un entrenador que se lleve mal con los árbitros. Creo que me sobrarían dedos de una mano para contar mis técnicas como entrenador. Como jugador, no lo niego, no fui el más deportivo de todos, y eso que durante años fui capitán del equipo ( de ahi lo de Capi, para los más estupiditos...), pero como entrenador siempre he sabido comportarme. Nunca me han echado de un campo de baloncesto, entre otras cosas porque creo que el entrenador es un ejemplo a seguir por los niños, así que no puedes discutir acaloradamente con el árbitro ni mucho menos insultarle como hacen otros. De esto que hablo pueden dar fe bastantes árbitros en este ciudad.




Y ahora sí, vamos a hablar de los árbitros. El árbitro, por naturaleza, siempre va a estar discutido. Es, sin duda, la persona que más dificil lo tiene en un campo de baloncesto. Partiendo de esta base, existen muchos tipos de árbitros. En primer lugar está el árbitro" el reglamento por encima de todo". Para este árbitro todo funciona como un robot; las fichas en su justo momento, no pita 3 y 1 minuto ni un segundo más tarde (ni más temprano) de lo habitual, la falta se marca a tantos metros de la mesa, el uso ilegal de manos es una violación del reglamento que bla, bla, bla... hasta ahí todo perfecto. No hay nadie que pueda ser criticado cuando utiliza el reglamento. Ahora bien, en todo partido existen situaciones que no puede resolver el reglamento, digamos, "lagunas legales", por utilizar un término jurídico. El árbitro que tiene sentido común lo resuelve en un momento. Sin embargo, el árbitro que por encima de todo lee el reglamento antes de escuchar a su conciencia es el que lo hace mal. Gente como Miguel Gómez o Fernando Vázquez son del tipo de árbitros con sentido común, es decir, personas normales que en el campo son como son fuera de él. Y eso, señores, es de agradecer.

Luego está el árbitro "Zapatero". El árbitro "Zapatero" es el que sostiene el diálogo por encima de todo. Diálogo con jugadores, y sobre todo con entrenadores. Si un entrenador está presionando a un árbitro, cosa normal en los tiempos que corren, el árbitro dialogante se acerca y le avisa: "Mira, relájate un poco que a la próxima sino marco la técnica". El entrenador decide entonces si seguir o no con la protesta, y es muy posible que al final el árbitro acabe pitándole la técnica. Sin embargo, esa técnica nunca estará mal pitada. En el otro lado está el árbitro" látigo". Este tipo de árbitro no sabe hablar dentro de un campo de baloncesto. Se limita a balbucear una serie de tonterías, y corta con técnicas, antideportivas o incluso descalificantes las protestas o simples comentarios del entrenador o del jugador. He tenido la suerte de convivir con algunos de ellos y curiosamente, esta gente es tan normal como yo fuera del campo. Algunos son hasta agradables, oye. Pero no, en el campo se transforman. Y eso es una lástima.


Por último, está el entrenador " gomina de Scariolo". El traje le queda cojonudo, se ha peinado correctamente, calienta todos los músculos de una manera increíble, tiene una técnica arbitral que da gusto verla... y es el absoluto protagonista del partido. Va tan estirado que el aire no le llega al cerebro. Si le dices algo, te mira mal cuando no te pita una técnica. Antes del partido, aunque lo conozcas, no te saluda para nada. Después del partido, aunque lo sigues conociendo, tampoco lo hace. Pero no sólo no lo hace con entrenadores o jugadores, también con aficionados que esperan a la salida a sus amigos. El árbitro "Scariolo" pasa de largo como diciendo " mi verdad es la que vale, no quiero oir opiniones de nadie más que de mis coleguitas los árbitros". Suerte tienes si no te la ha montado en el campo porque hace muchos años le liaste una tú. Si algo he aprendido en mi vida es que de todo el mundo se aprende algo, y yo he conocido árbitros que me han dado su opinión, como yo les he dado la mía, y cuando hemos entrado al campo hemos vuelto a ser árbitro y entrenador.


Todo árbitro tiene o ha tenido sus errores, voluntarios o no. Miguel Gómez, por ejemplo, me permitió llegar 45 minutos tarde (y borracho perdido, por cierto), a una final provincial juvenil cuando me la tenía que haber dado claramente por perdida. Son innumerables las veces que nos ha pitado "ligeramente" a favor, recordando sin duda la histórica remontada contra Toreno (conocida por todos). Fernando Vázquez me permitió el año pasado dirigir una final benjamín sin trípico, ficha ni leches, e incluso se atrevió a pitarle una técnica a la entrenadora contraria, cuando sabía perfectamente que yo no podía estar allí. También permitió cerrar el acta de un partido en el tercer cuarto para que Javi Cooper pudiera llegar a tiempo. Rafa Moneo llegó incluso más lejos. Pitó una falta en contra nuestra, dos tiros libres. Óscar se dio cuenta de que el jugador que los iba a tirar no era el receptor de la falta. Se lo dijo a Rafa, pero éste le hizo callar. Cuando tiró el primer tiro libre, Rafa pitó una técnica al jugador. Cuando le preguntó por qué le dijo: " Tú no eres el que tienes que tirar". El gran Pepe San Agustín nos echó una "manita" cuando nos jugábamos el pase al intersector contra Colegio Leonés. David Cruz "me remontó" un partido que tenía perdido, con 8 abajo a falta de minuto y medio, para después guiñarme el ojo sin que nadie se diera cuenta. Pablito me permite absolutamente todo lo que yo quiera en un campo, mientras no sea muy descarado. Roberto Merchán sabe como pitar a entrenadores como nosotros. No es casero, pero tampoco injusto.


A los demás, decirles que no hace falta que piten como los que he descrito arriba. Eso son arbitrajes caseros. Yo pido árbitrajes normales, imparciales, pero con sentido común. Nada más. Que si se equivocan lo reconozcan, como hacemos nosotros. Y que si aciertan, yo seré el primero que les felicite. Que aprendan de gente que sabe menos que ellos, pero que pita mejor. No será la primera vez que un árbitro me oye decir " estoy bien expulsado, tienes toda la razón".


Un saludo.


P.D: Espero que Mariano no tenga en cuenta los "fallitos" de sus árbitros, a fin de cuentas pasó hace muchos años, jejejeje. Un abrazo, colegiados!

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