El blog llega a uno de sus puntos culminantes. Pocas veces tendremos la oportunidad de oir una crónica objetiva de Óscar Nuñez por parte de un servidor. Pero sí, esta es una de ellas. Por supuesto, habrá cosas con las que la gente no estará de acuerdo, porque son, básicamente, opiniones personales, siempre deportivas, como en el caso de Borja o Richi. No entraré a valorar al Óscar persona, porque ya he dicho que esto es una crónica de baloncesto. Sólo diré que, como todo el mundo, Óscar tiene apoyos y detractores. Pero, al contrario de lo que mucha gente piensa, yo no soy uno de los últimos. No voy a negar que hemos tenido nuestras diferencias, pero todas quedaron eliminadas cuando yo dejé de ser su jugador. A veces, la gente piensa demasiado, y eso es lo que ha pasado en este caso. Por poner un ejemplo, Óscar, junto con Elena, fueron las dos personas que me dieron la oportunidad de entrenar mi primer equipo. Y eso, para alguien al que le gusta entrenar como a mi, es digno de mención y de eterno agradecimiento. Y ahí vamos.Conocí a Óscar Núñez cuando tenía 12 o 13 años. Formaba parte del equipo infantil del Santa Marta, el primer año que se formó el club, allá por el año 1999, siempre hablando de cantera. Es curioso que me acuerde como si fuera ayer, con lo lejos que queda ya. Nuestro equipo era básicamente una selección, lo mejor de salamanca, salvando 2 o 3 casos ( aquel año salvo Juancar y Dani López, los dos en ADES, no había nadie que cupiera en nuestro equipo). En la final de la liga nos enfrentamos a una doble vuelta contra Padre Manjón. En aquel equipo jugaba gente conocida para los aficionados al club, como Billy, Coque, Victor José (que fue entrenador del Manjón), Muri y algunos jugadores más que luego acabarían jugando en el club. No tenían para nada mal equipo, pero nosotros, sin pecar de soberbia, éramos muy superiores. A aquel equipo lo entrenaba Óscar Núñez. La final no tuvo color, en ninguno de los dos partidos. sin embargo, campeón y subcampeón iban al sector, que aquel año se celebraba en León. Los dos equipos compartimos hostal (el mítico "Orejas", qué recuerdos), y aunque a ellos se los merendaron en la primera fase, cuando nosotros jugamos el tercer partido de grupo contra Fórum y la posterior final con Colegio Leonés, no dejaron de animarnos ni un sólo minuto. Eso, señores, es compañerismo, y no lo que veo ahora entre clubes o colegios de Salamanca. Pasara lo que pasara en el campo, los dos equipos comíamos juntos, hacíamos el cabra en las habitaciones juntos, en fín, que aquel sector parecíamos un sólo equipo.
Al año siguiente, Óscar accedió a la dirección deportiva del club, en sustitución de Fernando García. En ese momento ya era entrenador, jugador, director deportivo e hijo del vicepresidente y posterior presidente del club, su padre, Javier. Básicamente, lo era absolutamente todo en el club, para bien o para mal. Todo pasaba por él (y así ha seguido siendo hasta que este año se formó una nueva directiva y llegó Fernando Merchante).
Y ahora, a lo puramente baloncestístico. En mi opinión, existen dos grandes tipos de entrenadores bien diferenciados en este bendito deporte. Utilizando un símil de marketing ( que le gustaría leer a mi profesor de la facultad, Miguel Ángel Prado), podemos hablar del entrenador cualitativo y el entrenador cuantitativo. El primero de ellos, el cualitativo, orienta todo su trabajo al proceso; da mucho énfasis a la técnica individual, utiliza buenos métodos de enseñanza, no escatima tiempo en que sus jugadores aprendan las cosas, explica todos los porqués de cada ejercicio y, sobre todo, tiene el resultado, al menos a corto plazo, como algo secundario. En este espectro de entrenadores se encuentra, por poner un ejemplo de entrenador del club, alguien tan importante como Fernando Merchante.
Luego está el entrenador cuantitativo. Éste tipo de entrenador orienta absolutamente todo su trabajo al resutado. Le importa poco o muy poco lo que piense el jugador de lo que está haciendo, normalmente no suele explicar por qué se hace un ejercicio y no otro, pone en un segundo plano la importancia de la técnica individual y le da una importancia capital al trabajo físico y táctico de sus jugadores. Una de las peores cosas que se pueden ver en los patios de colegio de esta ciudad, y creedme cuando digo que los he visto todos, es ver a un equipo de cantera, benjamín o alevín, saber cómo colocarse para una jugada de fondo o de banda antes de aprender a botar con la mano izquierda. Intento ser un entrenador que dé un 95% de importancia a la técnica individual en este tipo de categorías. Por poner un ejemplo, el año pasado, entrenando a un equipo alevín femenino, un colegio de la ciudad me ganó el segundo partido de liga. No miento cuando digo que ese equipo tenía 6 o 7 jugadas de ataque. Evidentemente, no sabían ni cómo botar, pero los bloqueos y los cortes les valieron para ganarme. Mi equipo era casi entero de primer año, con jugadoras muy verdes aún. En la segunda vuelta de la liga, ese partido lo ganamos nosotros, y además de 40. En el momento en el que existía un bloqueo o una defensa fuerte, mis jugadoras plantaban uno o dos cambios de ritmo y dirección y se iban con suma facilidad de alguien que, obviamente, clavaba los bloqueos pero no sabía ni botar. Al primero que le oí decir algo parecido fue a Fernando Merchante, y que conste que no es peloteo, que Fernando tiene, como todos, sus cosas malas y comete errores como todo el mundo. El entrenador cuantitativo por excelencia que conozco es Óscar Nuñez. Y eso no quiere decir que no sepa entrenar la técnica individual, que lo sabe y de sobra, sino que no le da toda la importancia que yo creo que tiene. Alguien me dijo una vez que a partir de cadetes se debe olvidar la técnica individual para centrarse en otros trabajos, de tipo táctico. No digo que, si tu jugador ya tiene un dominio técnico aceptable del juego, sepa dominar su cuerpo y físicamente esté en un buen tono, pases a otro nivel. Pero no se puede aprender a multiplicar sin antes haber aprendido a sumar y a restar, eso es lo que hay que tener claro.
Finalmente, hago lo que hice cuando examinamos a Borja, hablar de los 4 aspectos a entrenar en un jugador. Técnicamente, ya lo hemos dicho, Óscar se sobra para trabajar, otra cosa es que no quiera hacerlo. Tácticamente, como en el caso de Borja, ha aprendido de su etapa como jugador y entrenador, y eso es un valor seguro en este caso, porque Óscar es como jugador extremadamente inteligente. Físicamente es un entrenador muy exigente. Le gusta que sus jugadores estén a tope, y eso me parece muy correcto. Psicológicamente, es un entrenador, como yo los llamo, " mister látigo" (el apodo viene de un entrenador de fútbol alemán que entrenó al Atlético de Madrid en los 70, Max Merkel creo que se llamaba). Tiene el palo en una mano para proyectarlo sobre sus jugadores. No permite un error, y los castiga con trabajo físico siempre ( ya sean unos "ochos" o unas "líneas"). Habitualmente utiliza ese vozarrón que tiene para amedrentar o echar una bronca. En su defensa, decir que el jugador que le responde siempre tiene su recompensa en forma de minutos, sin excepción, y eso es digno de mención.
Y ya está, no hay nada más. Del Óscar persona ya dije que no iba a hablar, así que los que esperabais una crítica voraz por mi parte os vais a tener que aguantar, porque no todo lo que se dice es cierto. Solamente una cosa más: En el hipotético caso de que yo fuera director técnico de un club, y me preguntaran si querría a Óscar de entrenador, la respuesta sería un rotundo "no". No porque sea mal entrenador, que no lo es ni mucho menos, sino porque no comparte mi filosofía del baloncesto. Somos diametralmente opuestos, y no quiere decir que lo mío sea mejor, nunca he dicho eso. Simplemente, somos diferentes. Sin embargo, hay algo que los entrenadores jóvenes e inexpertos tienen que tener presente. De todo el mundo se aprende algo, malo y bueno. De lo que se trata es de asimilar las cosas buenas y desechar las malas. Esto se debe hacer desde un entrenador desconocido hasta con Aíto García Reneses. Y yo de Óscar he aprendido muchas cosas, tenedlo por seguro. Un saludo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario