
Suena en mi Spotify el gran Phil Collins, con su " I wish it would rain down". Llevo días dándole vueltas a cómo revitalizar mi modesta bitácora. Llevo meses sin escribir, principalmente por dos razones: Una, mi pereza llega a extremos insospechados para la raza humana. Dos, simplemente no tengo nada interesante de lo que escribir. Sin embargo, hoy por la mañana tuve una idea, para mí excelente. Este blog va a dar un giro radical en su temática, a veces tan dispersa que llega a aburrir.
Vamos a centrarnos a partir de ahora en hablar de personas, hombres y mujeres, que dejaron huella en la persona que escribe. Música, cine, política, deporte...Todo tiene cabida en este blog. Todos tienen cabida. Sólo existe una condición: el personaje ha debido fallecer recientemente. A fin de cuentas, todo el mundo habla bien de la gente que acaba de fallecer, y yo no voy a ser menos.
Hoy nos disponemos a hablar de alguien que ya ha sido nombrado en este blog. Fue curiosamente cuando se descubrió la enfermedad que le ha llevado a fallecer este pasado 31 de Agosto, tras una larga lucha. Mi entrada por aquel entonces se titulaba " Fignon y el deporte más bello del mundo". Efectivamente, señoras y caballeros, el primer personaje de mi nueva etapa al frente de este, mi modesto blog, es nada más y nada menos que el ciclista francés Laurent Fignon.
Existen ciertas imágenes icónicas del Tour de Francia. La de Maurice Garin, el primer ganador del Tour, allá por 1903, recogiendo su trofeo. Fausto Coppi recibiendo un ramo de flores en su primer Tour, 1950. Anquetil y Poulidor subiendo literalmente codo con codo el Puy de Dôme en 1967. Stephen Roche llegando casi sin oxígeno en 1988. Por supuesto, Tom Simpson muriendo en las laderas del Mont Ventoux asfixiado por los anabolizantes. Y Laurent Fignon tumbado sobre el suelo, destrozado, exhausto, llorando como un niño pequeño, sin consuelo, después de perder por 8 segundos un Tour de Francia que tenía ganado. Era 1989, y el americano Greg Lemond, después de una resurrección milagrosa tras un accidente de caza, se inventó el manillar de triatleta para el ciclismo y remontó una diferencia que parecía insalvable. Las lágrimas de Fignon contrastaban con el rostro de un feliz Lemond, que al año siguiente conseguiría su tercer y último Tour, el último antes del reinado de Miguelón. Pero esa es otra historia.
Mi primera imagen de Laurent Fignon data de finales de los años 90. Yo tendría unos 10 años cuando mi padre compró junto con el diario El País unos VHS que resumían fantásticamente los 5 Tours ganados por Miguel Indurain. Mi favorito era el Tour de 1991. En aquel año, una etapa cambió la Historia del Ciclismo moderno. La recuerdo como si no hubieran pasado tantos años desde que la vi por última vez. Fignon se descuelga en el Col del Tourmalet, cuando Indurain ataca en el descenso. A la caza del gran navarro, otro no menos grande, Claudio Chiapucci. Detrás, como a unos 2 minutos, se forma un grupo de élite: Charly Mottet, Gianni Bugno, Greg Lemond, Eduardo Chozas y Lucho Herrera. Detrás viene Fignon. Logra contactar con el grupo perseguidor, y pese a que las fuerzas están al límite, rápidamente pasa a la cabeza y comienza a tirar del grupo.
Fignon va sufriendo. Su cara no expresa la dureza del esfuerzo, sino el dolor del agotamiento. De repente, Gianni Bugno lanza un último y desesperado ataque por reducir distancias con los dos de cabeza. El coche del equipo Gatorade se lanza detrás de Bugno y sin quererlo atropella a Greg Lemond, que queda descolgado. Herrera y Chozas también ceden. Las cámaras enfocan a Fignon. Su cara es un poema. Las pendientes de Val Louron fueron llamadas por los franceses una vez "El círculo del valle de los muertos". Y de esos hubo muchos aquel día, pero Fignon no fue uno de ellos. Se lanza a por Bugno, y logra no perder más que unos segundos con respecto al pequeño italiano. Es el primer Tour de Indurain, con Bugno segundo y Chiapucci tercero.
Mi última imagen de aquel Tour de 1991 sobre Laurent Fignon se produce en la etapa de L'Alpe Duêz. Bugno, Indurain y Thierry Claveirolat en cabeza. Rooks y Chiapucci descolgados por detrás. A unos 45 segundos, dos leyendas de este deporte se sonríen. Preparan algo. Pedro Delgado y Laurent Fignon son dos auténticos enamorados de la carrera. Laurent, además, se vistió por primera vez de amarillo allí, en el año 1983. Álvaro Mejía, el pequeño colombiano, se espera de todo menos que no ataquen. Efectivamente, Delgado demarra y Fignon se va a por él como una exalación. Cuando Delgado para y ve que detrás tiene al "Profesor", no puede evitar esbozar una sonrisa. No ganaron el Tour, ni siquiera la etapa, pero fueron los grandes protagonistas para la televisión francesa aquel día.
El francés Laurent Fignon, ciclista, falleció en la madrugada del 31 de Agosto. Desde aquí, mi más sincero pésame a alguien que. junto con otros, fue el encargado principal de amar el ciclismo por encima de cualquier otro deporte. Au revoir, Professeur.
Vamos a centrarnos a partir de ahora en hablar de personas, hombres y mujeres, que dejaron huella en la persona que escribe. Música, cine, política, deporte...Todo tiene cabida en este blog. Todos tienen cabida. Sólo existe una condición: el personaje ha debido fallecer recientemente. A fin de cuentas, todo el mundo habla bien de la gente que acaba de fallecer, y yo no voy a ser menos.
Hoy nos disponemos a hablar de alguien que ya ha sido nombrado en este blog. Fue curiosamente cuando se descubrió la enfermedad que le ha llevado a fallecer este pasado 31 de Agosto, tras una larga lucha. Mi entrada por aquel entonces se titulaba " Fignon y el deporte más bello del mundo". Efectivamente, señoras y caballeros, el primer personaje de mi nueva etapa al frente de este, mi modesto blog, es nada más y nada menos que el ciclista francés Laurent Fignon.
Existen ciertas imágenes icónicas del Tour de Francia. La de Maurice Garin, el primer ganador del Tour, allá por 1903, recogiendo su trofeo. Fausto Coppi recibiendo un ramo de flores en su primer Tour, 1950. Anquetil y Poulidor subiendo literalmente codo con codo el Puy de Dôme en 1967. Stephen Roche llegando casi sin oxígeno en 1988. Por supuesto, Tom Simpson muriendo en las laderas del Mont Ventoux asfixiado por los anabolizantes. Y Laurent Fignon tumbado sobre el suelo, destrozado, exhausto, llorando como un niño pequeño, sin consuelo, después de perder por 8 segundos un Tour de Francia que tenía ganado. Era 1989, y el americano Greg Lemond, después de una resurrección milagrosa tras un accidente de caza, se inventó el manillar de triatleta para el ciclismo y remontó una diferencia que parecía insalvable. Las lágrimas de Fignon contrastaban con el rostro de un feliz Lemond, que al año siguiente conseguiría su tercer y último Tour, el último antes del reinado de Miguelón. Pero esa es otra historia.
Mi primera imagen de Laurent Fignon data de finales de los años 90. Yo tendría unos 10 años cuando mi padre compró junto con el diario El País unos VHS que resumían fantásticamente los 5 Tours ganados por Miguel Indurain. Mi favorito era el Tour de 1991. En aquel año, una etapa cambió la Historia del Ciclismo moderno. La recuerdo como si no hubieran pasado tantos años desde que la vi por última vez. Fignon se descuelga en el Col del Tourmalet, cuando Indurain ataca en el descenso. A la caza del gran navarro, otro no menos grande, Claudio Chiapucci. Detrás, como a unos 2 minutos, se forma un grupo de élite: Charly Mottet, Gianni Bugno, Greg Lemond, Eduardo Chozas y Lucho Herrera. Detrás viene Fignon. Logra contactar con el grupo perseguidor, y pese a que las fuerzas están al límite, rápidamente pasa a la cabeza y comienza a tirar del grupo.
Fignon va sufriendo. Su cara no expresa la dureza del esfuerzo, sino el dolor del agotamiento. De repente, Gianni Bugno lanza un último y desesperado ataque por reducir distancias con los dos de cabeza. El coche del equipo Gatorade se lanza detrás de Bugno y sin quererlo atropella a Greg Lemond, que queda descolgado. Herrera y Chozas también ceden. Las cámaras enfocan a Fignon. Su cara es un poema. Las pendientes de Val Louron fueron llamadas por los franceses una vez "El círculo del valle de los muertos". Y de esos hubo muchos aquel día, pero Fignon no fue uno de ellos. Se lanza a por Bugno, y logra no perder más que unos segundos con respecto al pequeño italiano. Es el primer Tour de Indurain, con Bugno segundo y Chiapucci tercero.
Mi última imagen de aquel Tour de 1991 sobre Laurent Fignon se produce en la etapa de L'Alpe Duêz. Bugno, Indurain y Thierry Claveirolat en cabeza. Rooks y Chiapucci descolgados por detrás. A unos 45 segundos, dos leyendas de este deporte se sonríen. Preparan algo. Pedro Delgado y Laurent Fignon son dos auténticos enamorados de la carrera. Laurent, además, se vistió por primera vez de amarillo allí, en el año 1983. Álvaro Mejía, el pequeño colombiano, se espera de todo menos que no ataquen. Efectivamente, Delgado demarra y Fignon se va a por él como una exalación. Cuando Delgado para y ve que detrás tiene al "Profesor", no puede evitar esbozar una sonrisa. No ganaron el Tour, ni siquiera la etapa, pero fueron los grandes protagonistas para la televisión francesa aquel día.
El francés Laurent Fignon, ciclista, falleció en la madrugada del 31 de Agosto. Desde aquí, mi más sincero pésame a alguien que. junto con otros, fue el encargado principal de amar el ciclismo por encima de cualquier otro deporte. Au revoir, Professeur.
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