sábado, 13 de junio de 2009

El intelectual francés y el deporte más bello del mundo


Hoy, leyendo la edición en papel de "El País" me entero de que a Laurent Fignon, doble campeón del Tour de Francia en 1983 y 1984, le han diagnosticado un cáncer de páncreas que ya ha metastatizado. Es por supuesto, una mala noticia. Fignon siempre fue uno de mis héroes ciclistas; su primer Tour lo ganó de manera casi insultante, si bien es cierto que Bernard Hinault, por aquel entonces tetracampeón, no participó ese año para ganar la Vuelta a España. Sin embargo, en 1984 ganó también, y ese año si que estaba "El Tejón". Por ello le doy más mérito a ese segundo Tour. Ciclista lleno de clase y elegancia, con sus gafas parecía todo menos un "pedalista", como dirían nuestros buenos amigos de Radio Caracol en Colombia. Sus lesiones y su propensión a la baja forma le impidieron ganar algún Tour más ( si no recuerdo mal se hizo con el Giro de 1989). Sin embargo, no era uno de mis corredores preferidos por su elegancia, por su clase o por sus lesiones. Lo era por 8 segundos. 8 miserables segundos que cambiaron la Historia del Tour de Francia para siempre. En aquella edición, en la que Delgado defendía título pero inexplicablemente se "perdió" por las calles de Luxemburgo en el prólogo, la ronda concluía con una contrarreloj por las calles de París. Eran 25 kilómetro, si la memoria no me falla. Laurent Fignon tenía una ventaja suficiente sobre el segundo clasificado, el norteamericano Greg Lemond, otro de los "mounstros" de este deporte. El día anterior todo el equipo, con Fignon a la cabeza, brindó con champán para celebrar lo que todo el mundo creía que era un hecho consumado; la tercera victoria en la " Grand Bouclé" para el francés intelectual, mértio hasta entonces conseguido únicamente por Maes, Anquetil, Bobet, Merckx e Hinault. Fignon iba a entrar, pues, en el Olimpo. Sin embargo, aquella mañana de Julio Greg Lemond se inventó el manillar de triatleta y acabó ganando el Tour por la diferencia más corta de toda su Historia: 8 segundos. Fignon no se lo podía creer, lloraba desconsoladamente sin que nadie pudiera enjugar sus lágrimas. 8 miserables segundos se le habían interpuesto en su carrera.

Después de aquello, el bueno de Laurent nunca fue el mismo en el Tour. Se marchó al Castorama, que por aquel entonces tenía una plantilla de primera fila, con gente como Luc Leblanc, Thierry Marie o Armand de las Cuevas, y después se marchó a un retiro dorado como gregario de lujo de Gianni Bugno en el Gatorade. Si no recuerdo mal, se retiró en 1993, y en mi opinión, esos 8 segundos le han perseguido siempre, por mucho que lo niegue. Por eso es uno de mis ciclistas preferidos. Como Chiapucci, eterno segundo de Lemond, Bugno o Indurain, como Ulrich, uno de los corredores con más clase que he visto jamás, eterno perseguidor de Lance Amstrong. Como Bugno, Rominguer o Pantani, siempre a la sombra del gigante navarro más famoso de la Historia. Como Luis Ocaña, siempre a rebufo del "Canibal" Merckx. Como muchos otros, aunque, sin duda ninguna, nadie como mi ciclista favorito, Raymond Poulidor; 3 veces segundo y 5 veces tercer clasificado del Tour. El bueno de "Pou-Pou". Su foto con Anquetil codo con codo en las cunetas del Puy de Dôme es una de las instántaneas más famosas de este deporte. Nunca llegó a ganar el Tour, pero sin embargo era el más querido de todos los corredores franceses, por encima de Bobet o el mismísmo Jacques Anquetil. Debe ser cierto eso de que la gente adora a los perdedores. Yo, por mi parte, le deseo todo lo bueno del mundo a Laurent Fignon, porque gracias a él y a alguna otra persona subida en una bicicleta, considero el ciclismo como el deporte más bello del mundo. Nada de fango, nada de pastillas, transfusiones o "Eufemianos". Sólo ciclismo, por favor. Y nada más que ciclismo.

Un saludo.

P.D. : En la imagen, Greg Lemond y Laurent Fignon, en los años dorados del ciclismo.

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