
Me había levantado con una resaca horrible. El elefante que tenía sobre mi cabeza me impedía pensar. Bajé a la cocina a por una pastilla que aliviara mi penitencia, pero antes se me ocurrió mirar el móvil, como hago siempre, para ver si alguien me había llamado. Total, sólo eran las 4 de la tarde, miércoles... ¿quién querría molestarme a estas horas?. Efectivamente, el de siempre y con el mismo cuento.
"16 de Abril de 1986, Álvaro. No me falles". No me gustaba su tono amenazante, pero así era él, y todo el que haya tenido un jefe me puede entender perfectamente. La información me llegó instantáneamente a mi email. 16 de Abril de 1986, Barcelona, España. Estadio Camp Nou.
No podía empezar peor mi resaca.
Cuando "Pichi" Alonso anotó el tercer gol del Barcelona aquella noche, pensé que el estadio se venía abajo. El equipo blaugrana acababa de empatar la eliminatoria con el Göteborg y se disponía a desempatar en la siempre lotería de los penaltis. En ese momento, bajé a una de las bandas donde estaban colocados todos los empleados del club sin que me vieran los "armarios" de seguridad del club. Ya había olvidado por completo lo que había ido a hacer allí ya que la emoción me embargaba. No en vano, soy un culé confeso, y aunque conocía perfectamente el resultado final, no por ello se es menos forofo. En aquel instante, alguien me tocó el hombro derecho. Estaba seguro de que me habían reconocido.
- Disculpe señor, pero esta zona es para los recogepelotas- la voz, aunque infantil, sonaba fuerte y decidida.
Entonces le vi. No pude disimular mi asombro al ver el gran parecido físico que tiene con su "hermano mayor", como los llamamos en la Empresa.
-¿como... cómo te llamas, chico?- pregunté atontado.
-Josep, señor. Josep Guardiola, por qué me lo pregunta? Váyase de aquí o voy a tener que llamar a seguridad.
Victor Muñoz marca el penalti decisivo. El Camp Nou, como reza su himno, es un clamor.
Afortunadamente, un par de pastillas y un bidón de agua habían aliviado mi resaca. Cómo me molesta trabajar con resaca, pensé. Aún así, había merecido la pena. El consejo que le dí al pequeño Josep había funcionado, y la foto había salido en todos los periódicos al día siguiente. Mi empleo, al menos por unos meses, estaba a salvo, y en los tiempos que corren es un alivio saberlo. Recorté el artículo del Sport, con su correspondiente foto. Nunca se me había dado bien la fotografía. Esa foto, sin haberla hecho yo, había quedado perfecta.
En la calle se oían petardos por el Barça. El pequeño Josep había ganado lo inganable. Me puse los vaqueros del mismo día, me cambié de polo y salí de nuevo al ataque. Mañana tendría otra vez resaca, pero ésta sería una de las más alegres, me dije.
La resaca del pequeño gran Josep Guardiola.
"16 de Abril de 1986, Álvaro. No me falles". No me gustaba su tono amenazante, pero así era él, y todo el que haya tenido un jefe me puede entender perfectamente. La información me llegó instantáneamente a mi email. 16 de Abril de 1986, Barcelona, España. Estadio Camp Nou.
No podía empezar peor mi resaca.
Cuando "Pichi" Alonso anotó el tercer gol del Barcelona aquella noche, pensé que el estadio se venía abajo. El equipo blaugrana acababa de empatar la eliminatoria con el Göteborg y se disponía a desempatar en la siempre lotería de los penaltis. En ese momento, bajé a una de las bandas donde estaban colocados todos los empleados del club sin que me vieran los "armarios" de seguridad del club. Ya había olvidado por completo lo que había ido a hacer allí ya que la emoción me embargaba. No en vano, soy un culé confeso, y aunque conocía perfectamente el resultado final, no por ello se es menos forofo. En aquel instante, alguien me tocó el hombro derecho. Estaba seguro de que me habían reconocido.
- Disculpe señor, pero esta zona es para los recogepelotas- la voz, aunque infantil, sonaba fuerte y decidida.
Entonces le vi. No pude disimular mi asombro al ver el gran parecido físico que tiene con su "hermano mayor", como los llamamos en la Empresa.
-¿como... cómo te llamas, chico?- pregunté atontado.
-Josep, señor. Josep Guardiola, por qué me lo pregunta? Váyase de aquí o voy a tener que llamar a seguridad.
Victor Muñoz marca el penalti decisivo. El Camp Nou, como reza su himno, es un clamor.
Afortunadamente, un par de pastillas y un bidón de agua habían aliviado mi resaca. Cómo me molesta trabajar con resaca, pensé. Aún así, había merecido la pena. El consejo que le dí al pequeño Josep había funcionado, y la foto había salido en todos los periódicos al día siguiente. Mi empleo, al menos por unos meses, estaba a salvo, y en los tiempos que corren es un alivio saberlo. Recorté el artículo del Sport, con su correspondiente foto. Nunca se me había dado bien la fotografía. Esa foto, sin haberla hecho yo, había quedado perfecta.
En la calle se oían petardos por el Barça. El pequeño Josep había ganado lo inganable. Me puse los vaqueros del mismo día, me cambié de polo y salí de nuevo al ataque. Mañana tendría otra vez resaca, pero ésta sería una de las más alegres, me dije.
La resaca del pequeño gran Josep Guardiola.
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