martes, 26 de mayo de 2009

Episodio 1: "El Bocha"

Corría el año 1982. Creo que estábamos en Abril, aunque pareciera Agosto por el intenso calor que hacía allí. Sí, ya lo recuerdo. Era 17 Abril. Lo recuerdo porque apenas 15 días antes habíamos invadido las Malvinas. Y digo "habíamos" porque yo me encontraba allí en ese momento, no porque me sintiera para nada argentino. En la prensa, en las radios, sólo se escuchaban loas al dictador. Están seguros de su victoria, me dije para mis adentros, aunque no lo tuviera yo tan claro. A mí, sinceramente, me daba exactamente igual. Yo estaba allí no para combatir contra un enemigo que creía superior, no para pasar calor, no para convertirme al Cristianismo. Estaba allí para cambiar la Historia, como siempre. Cada vez que retrocedía en el tiempo hacía una muesca en mi pared. LLevaba 16, y me parecían excesivas. Claro que, siendo honestos, no sería nadie sin esto, no sirvo para gran cosa. Miento. No sirvo para absolutamente nada más que esto. Pero esa es otra historia.

Bilardo. Ese era mi destino. El seleccionador de Argentina tenía por narices que convocar a Ricardo Bochini, el héroe de Diego, para el Mundial de Diego. Nadie lo sabía todavía, pero "El Pelusa" cambiaría la Historia del Fútbol una tarde de verano en aquel Azteca que poco a poco ha definido Andrés Calamaro hace poco. Era 17 de Abril y yo me disponía a hablar con Carlos Salvador Bilardo, que unos años después se haría famoso en España, entrenando al Sevilla, por aquel "pisálo, pisálo" que recorrió el mundo entero.

- Estás loco, Gallego!- fue lo único que se atrevió a decirme cuando me dió con la puerta en las narices. Pero yo ya sabía que lo había conseguido. Ricardo Bochini, "El Bocha", iba a disputar a sus 32 años el Mundial del Diego.

Meses después, Bilardo accedió a que Ricardo jugara los últimos 5 minutos del partido que les enfrentaba a Bélgica. Cuando Diego se acercó para realizar el cambio, le miró a los ojos y le dijo: "Le estábamos esperando, Maestro. Dibuje, por favor". Fueron las palabras del "10" más grande al "10" que el "10" consideraba más grande.

Mi misión se había cumplido. Aún así, yo no conseguía quitarme el maldito calor bonaerense de encima. Me fui de allí recordando las palabras de Corto a Pandora: "Me recuerdas a un tango de Arolas que escuché en el Cabaret de la Parda Flora, en Buenos Aires". Ojalá tuviera tiempo para ir a ver a mi amigo Eduardo. Pero ese sería otro día, me dije. Hoy tocaba descansar. Quién sabe si eternamente.

No hay comentarios: