jueves, 23 de octubre de 2008


La imagen que preside el texto siguiente corresponde a la primera imagen que mi memoria fotográfica alcanza a recordar de un deporte que me entusiasma; el ciclismo. Pocas cosas domino tan bien como los 5 Tours de Indurain; conozco todas las etapas importantes, todos los rivales de entidad, todas las pájaras monumentales. Pero hay alguien por encima del mounstro navarro al que admiro sobre todas las cosas en este bendito deporte que algunos intentan empañar ahora. Me refiero al señor Claudio Chiapucci, " El Diablo", uno de los mejores escaladores de toda la Historia. El pequeño italiano de fácil y contagiosa sonrisa que desafió, primero a Greg Lemond y después al Rey Miguel. Con el americano las tuvo tiesas en 1990, cuando alcanzó una gran diferencia en la general gracias a una escapada en la primera semana de competición. El hasta entonces doble ganador del Tour (1986 y 1989) fue limando esa diferencia poquito a poco, y en las faldas del mítico Alpe d' Huez la distancia que les separaba era de pocos segundos. En la cima, Lemond y Gianni Bugno pugnaron por el triunfo de etapa, que se llevó éste último. Se podría decir que el gran Claudio perdió el Tour de 1990 por no saber correr contra el crono, algo en lo que Lemond era especialista. Juró que aprendería a correr contrarreloj, pero apareció alguien que lo superaba, por supuesto. Sin embargo, podemos hablar de la imagen de la foto como la primera pájara seria que tuvo Miguel Indurain en sus 5 Tour de Francia. Fue en el segundo, en 1992, en la etapa que acababa precisamente en Italia, en la estación de esquí de Sestriere. Claudio Chiapucci emuló a Fausto Coppi en una largísima escapada ( más de 200 km. en solitario) y consiguió ganar en su casa. Indurain tuvo que depender de sí mismo para recortar esa diferencia, que finalmente fue de poco menos de dos minutos con respecto al pequeño escalador italiano. Aquel día el navarro se vistió de amarillo, y ya no se cambió de maillot hasta el final del Tour, pero la Historia pudo ser más caprichosa con él, ya que si Chiapucci hubiera tenido alguna ayuda más en aquella escapada, es seguro que hubiera conquistado el maillot, y recordemos que había jurado aprender a correr contra el crono. Siendo otro, podría no ser verdad, pero Claudio Chiappuci era " El Diablo", y Miguel Indurain debió pensar que con esas cosas no se juega.

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