
Hoy comienza aquí una serie de escritos sobre deporte. Por suerte o por desgracia, estos acontecimientos han marcado un antes y un después en mi cajón de recuerdos. Es posible que algunos sean hoy héroes. Otros podrán ser todo lo villanos que querais. Pero todos tienen una cosa en común: fueron una vez dueños del mundo. Andy Warhol solía decir que todo el mundo tiene derecho a 15 minutos de fama. Yo no estoy de acuerdo con eso. La fama hay que ganarla. El problema es que se puede ganar de muchas maneras, no todas lícitas, para qué engañarnos. Gente como Hitler o Stalin son desafortunadamente célebres. En el ámbito deportivo, nombres como Ben Johnson, Munich 72 o Heysel serán recordados con tremenda infamia por aquellos que creemos en un deporte limpio, apolítico o seguro. Nada más lejos de la realidad. El deporte ni es limpio, ni es apolítico, ni es mucho menos seguro.
No van a estar todos los que fueron, claro está . Alguno podrá recordar otros momentos importantes, pero estos son mis recuerdos. No obstante, se admiten observaciones y sugerencias.
Mi primer recuerdo tiene que ver con el maldito deporte Rey de este país. Nos remontamos a 1992. El F.C. Barcelona jugaba muchos años después una final de la Copa de Europa. La última la había perdido incomprensiblemente con el Steaua de Bucarest en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, en Sevilla, en 1986. Fue, como muchos recordarán, aquella final en la que el actual entrenador del Real Madrid, Bernd Schuster, fue sustituido en la segunda parte, y se cogió tal enfado con el entrenador que se duchó y se fue al hotel en taxi, sin esperar ni siquiera a que acabara el partido.
Sin embargo, aquella final no era en Sevilla. Era, fácil decirlo, en Wembley. Y era contra un equipo italiano, la Sampdoria, que tenía seguramente al mejor portero del mundo por aquel entonces, siempre hablando a mi gusto personal. El guardameta era Gian Luca Pagliuca. Tenía otros jugadores importantes, pero Pagliuca destacaba sobre todos ellos. En el Barcelona, sin embargo, había jugadores de todos los colores. Guardiola, Laudrup, Amor, Sergi, Salinas, Eusebio... y Koeman. Esa es la primera imagen que recuerdo de mi equipo de fútbol de toda la vida. La de Ronald Koeman reventando la red de la portería italiana con un disparo de falta que supondría el único y a la postre gol de la victoria blaugrana en aquella final europea. Después, Johan Cruyff saltaría la valla publicitaria para celebrarlo. Ahí se acaba toda mi imagen, todo mi recuerdo. Lógicamente, he visto repetida muchísimas veces la toma en televisión, pero no me hubiera hecho falta para seguir recordándola. Yo tenía 4 añitos, y aquella noche me hice del Barça. Una buena imagen para iniciar este repertorio.
Un saludo.
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